Sabrina Carballo: “Hoy mi personaje favorito es ser mamá”

0
96

Es de esas personas que cuando hablan parecen no estar actuando nunca. No porque no conozcan el oficio, sino porque eligieron otro lugar: el de la honestidad, incluso cuando incomoda. Sabrina Carballo lleva años atravesando escenarios, estudios de televisión, giras interminables y personajes muy distintos entre sí, pero conserva algo que quienes trabajaron con ella suelen repetir: la sensación de estar frente a alguien genuino.

Actualmente protagoniza Mal repartidas, la obra que se presenta los jueves en el Paseo La Plaza (junto a Selene Raimundo) y que pone el foco en los vínculos familiares, las heridas que no terminan de cerrar y todo aquello que una herencia no puede resolver. Entre el humor, la emoción y los silencios incómodos, Sabrina encuentra también un espejo para hablar de su presente, de la maternidad, del oficio, de las redes sociales, de la necesidad de conectar de verdad con el otro y de una industria que cambió para siempre.

En esta charla íntima y extensa con RANDOM, la actriz habla sin filtros sobre los deseos, las contradicciones, la exposición, la actuación y ese personaje que hoy siente más importante que cualquier otro: el de ser mamá.

Lindo tema plantea la obra que protagonizás: llegar a firmar una herencia y que explote todo. ¿Qué te sedujo de esta historia en este momento de tu vida?

Primero que era escrita y dirigida por Hernán Krasutzky, que yo ya había trabajado con él. Ya somos como hermanos, todo el mundo nos ve y nos parecemos como hermanos porque nos peleamos todo el tiempo. Yo lo adoro, es un genio. Ha escrito una obra en un día, es una cabeza que vuela. Y a la vez él siempre me dio la posibilidad de poder agregar mis cosas.

A mí también me gusta mucho la dirección, entonces él me da ese espacio. A veces me voy al carajo y me dice “pará, pará, que el director soy yo”, pero me da ese lugar y eso es lo más.

Compartís escenario con una compañera que también está debutando en las tablas. Decís que sos medio directora, ¿cómo estás viviendo también jugar con un texto tan lindo y con una compañera que está debutando?

Sele es un amor, eso está buenísimo también, creo que no lo hubiese agarrado tan bien si no fuese así, y la verdad es que, como digo, está buenísimo ver las ganas que tiene, el hambre de gloria. Ese hambre que a veces uno con el pasar del tiempo, algunas cosas las va perdiendo y se va acostumbrando a la rutina. Gracias a Dios hay laburo, no mucho, pero hay.

Entonces ese hambre de gloria de los primeros trabajos que te aparecían… no quiero decir que no te pase, porque la verdad es que me llaman ahora para hacer, por ejemplo “En el barro” y se me para el corazón. Cada vez que me llama mi representante siempre le digo “me vas a matar un día”. A veces me llama para decirme cómo ando y yo le digo “no me llames, no me llames”, porque se me para el corazón cada vez que me llaman (se ríe).

Ver esas ganas… y aparte todos pasamos por esa primera vez. Y está bueno que haya química. Nos ensamblamos re bien. Te puede pasar estar con un compañero que no sea así y por suerte nos ensamblamos re bien, así que es genial.

Pensaba que cuando la televisión hacía mucha ficción vos no parabas. Terminabas una tira y ya estabas en otra. Y en el último tiempo hiciste muchísimo teatro…

Y ahora como no hay ficción… Imaginate que antes éramos un montón y no había mucho trabajo. Imaginate ahora que todos somos actores, todos hacemos de todo. Entonces ahora son más de lo normal haciendo poco. Muchos colegas que hacían poca comedia ahora se están tirando al teatro. Tengo muchas compañeras que nunca habían hecho teatro y venían haciendo tele sin parar y ahora están haciendo teatro porque no hay laburo.

Yo hace bastante que vengo haciendo teatro porque una cosa lleva a la otra. Y vuelvo a repetir: tampoco es porque tenía propuestas laborales en TV. Entonces nada, tengo que trabajar. Y por suerte, gracias a Dios, siempre aparecía una propuesta atrás de otra. Hoy en día es un privilegio trabajar en lo que te gusta.

Fotos: Gentileza Agencia Coral

Y con el teatro giraste muchísimo. Conociste gran parte del país arriba de una combi, en camarines y escenarios de pueblos variados…

Sí, es como el evento de la noche. Vos ves que la gente se viste, los restaurantes también te lo agradecen porque se llenan esa noche. Y es hermoso. Gracias a las giras conocí casi todo el país y conocí mi Argentina, que es hermosa. Para mí es uno de los países más hermosos que existen. La gente, la calidad de la gente, sus fiestas…

A veces llegás y el pueblo parece abandonado porque todos están en la fiesta y yo me voy a recorrer y hay un silencio que te traspasa. Nosotros venimos aceleradísimos y ellos tienen otros tiempos. Hablan con una tranquilidad… y decís “guau, perdimos todo eso”. Está buenísima la gira hasta que te desborda la vida. Yo llegaba a Buenos Aires y decía “¿dónde vamos ahora?, ¿hace frío o calor?”. Dejaba todo arriba de la mesa porque capaz me iba de nuevo.

Y como siempre digo: qué importante que la gente vaya al teatro. Porque para el productor hoy requiere muchísimo esfuerzo. Si la gente no va, las obras no llegan y es la única manera también de que el interior pueda ver teatro sin tener que venir a Buenos Aires.

En esta obra hay mucho de reencuentro. Con otros, pero también con uno mismo. ¿Qué te pasa a vos con los reencuentros?

La verdad es que yo trato de buscarle humor a todo. La obra tiene momentos que te penetran mucho, pero yo trato de hacer todo desde el humor. Igual hoy justamente hablábamos con el director de quizás profundizar un poquito más y no llevar todo tanto a la comedia, porque a mí me encanta el humor.

Mi personaje tiene una moral bastante conservadora, es medio pacata, tiene prejuicios, y a la vez muchas cosas las hace desde el miedo. Fue la sostén de todo y critica mucho a su hermana, que fue la que se fue, la que hizo la vida loca. Pero en realidad la critica porque es lo que a ella le hubiese gustado hacer. Parece hasta envidia. Porque ella se quedó, pero no sé si quería quedarse, creo que no le quedó otra. Y eso pasa mucho: están las personas que hacen las cosas porque deben y las que hacen lo que quieren. Y yo no sé qué está bien.

También aparece el tema de las redes, de mostrar felicidad, éxito, perfección…

Ahí hay de todo. Están los que muestran la verdad cruel y tienen un montón de seguidores porque a la gente también le encanta ver sufrir al otro. Y después están los que muestran la vida maravillosa y después te enterás que tienen una vida de mierda. Pero también es lo que uno quiere ver. No solo lo que uno quiere mostrar.

Hoy ves tantas cosas en el teléfono que nos perdemos un poco del vínculo real. Del abrazo, de mirar a los ojos. Yo soy medio pro de eso y me siento un poco avasallada por las redes.

Está buenísimo porque acercó mucho a la gente, pero también hoy tenés a una persona a la vuelta de tu casa y le mandás un mensaje en vez de invitarla a tomar un café. A mí me gusta que vengan a mi casa, tomar un café con leche, mirar a la persona a los ojos y ver si de verdad está bien.

«…A veces llegás y el pueblo parece abandonado porque todos están en la fiesta y yo me voy a recorrer y hay un silencio que te traspasa. Nosotros venimos aceleradísimos y ellos tienen otros tiempos…»

Todos coinciden en algo cuando hablan de vos: que sos natural, espontánea y muy luminosa. Incluso cuando hay tormenta, pareciera que elegís ir por el lado optimista.

Bueno, muchas gracias. Igual el personaje de luz no existe, el personaje de muerte tampoco existe, pero todos tenemos un personaje ante la vida. A mí siempre me importó mucho que el otro esté bien. Siempre me dirigí más al otro que a mí. Y eso también me trajo muchos inconvenientes.

Me costaba mucho decir que no. Era muy de “vengan a casa, tomemos café”. Y hubo un momento que dije “no puedo más”. Me cuesta encontrar los grises, soy medio blanco o negro. Pero siempre traté de pensar que una sonrisa o un “cómo estás” puede cambiarle el día a alguien. Entonces trato de dar buena energía porque creo mucho en eso.

Después llego a mi casa y capaz me quiero quedar tres horas sentada mirando la nada para recuperar energía. Pero trato de ser feliz y si puedo hacer bien al otro, eso también me hace bien a mí.

También hablaste mucho de cómo el trabajo a veces puede opacar el deseo…

Sí. Cuando todo es un juego y un placer es distinto. Pero cuando se convierte en lo que te mantiene, en tu trabajo, ahí cambia. Yo siempre traté de no hacer cosas que no me gustaban. Cuando tenía varias propuestas elegía lo que me gustaba y no lo económico. Nunca pensé tanto en la plata. Pero claro, cuando ya no hay tantas propuestas y necesitás trabajar, la necesidad a veces opaca el deseo.

¿Y cuáles son hoy tus deseos?

Personalmente, ver crecer a mi hija sanamente y verla feliz siempre. Que haga lo que quiera, no importa qué, pero que sea feliz. Y laboralmente me gustaría volver a hacer ficción. Cuando veo un set o imágenes de grabaciones digo “qué lindo”. Extraño eso. Y también me gustaría mucho dirigir. Ya tuve una primera experiencia y me encantó.

Vos conectás rápido con la gente. ¿Eso sentís que también es clave para dirigir?

Sí, porque me gusta mucho el detrás de escena. Hoy todo es tan para afuera… y yo nunca me sentí tan parte de eso. No me gusta la gente lobista. No lo critico, pero yo no puedo. Me gusta conectar con los compañeros, entender qué les pasa, ayudarlos a llegar a un personaje. Eso me encanta.

Y también sos muy anti tecnología…

Completamente. Soy antitecnología. Tengo cosas que ni sé usar. Me compré un teléfono inteligente para no tener que pensar yo todo el tiempo. Y ahora no sé conectar los auriculares inalámbricos. Yo quiero volver al StarTAC.

«…Tengo muchas compañeras que nunca habían hecho teatro y venían haciendo tele sin parar y ahora están haciendo teatro porque no hay laburo…»

Hablando de “Mal repartidas”… si mirás tu vida en retrospectiva, ¿sentís que fuiste bien repartida por la vida?

Sí, completamente. Soy una agradecida. A veces pienso “quizás podría haber tenido más”, pero después veo alrededor y digo “¿de qué te quejás?”. Tengo un techo, comida, tengo a mi hija sana, a mi familia sana, a mi perro viejo pero sano. Entonces no puedo quejarme. A veces me dicen conformista, pero veo tanta necesidad que no puedo desear más.

¿Y la fe cuánto ocupa en tu vida?

Todo. La fe y la energía. Soy muy intuitiva. A veces presiento cuando alguien está mal y digo “guardá tu energía”. Y también me pasa que me alejo de cierta gente. Nunca fui de ir a comer con alguien porque “te conviene”. Yo prefiero ir a tomar un café con alguien que no tiene ni redes sociales.

¿En qué momento sentís que estás hoy como actriz y como persona?

Estoy en un momento muy mamá. Mi personaje favorito hoy es ser mamá. Entonces estoy tratando de acomodar horarios porque mi hija es prioridad. Y tampoco quiero que la críe una niñera.

Obviamente quiero seguir trabajando y que aparezca un proyecto que me devuelva esas ganas de decir “guau”. Que no sea solamente por necesidad sino por deseo. Pero hoy creo que el mejor personaje que me tocó interpretar es ser mamá.

En tiempos de exposición permanente, algoritmos y personajes construidos para las redes, ella insiste con otra lógica. La del encuentro real, la charla larga, el café compartido y las emociones sin demasiados filtros. Quizás por eso Mal repartidas encuentra en ella una intérprete tan cercana. Detrás de los silencios incómodos, de las discusiones familiares y de las cuentas pendientes que propone la obra, aparece también una actriz que todavía se permite dudar y emocionarse. La actriz que parece haber encontrado hoy su papel más importante: el de vivir todo con la misma honestidad con la que lo cuenta.