Matías Montenegro, raza riojana de campeones

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Desde la pista de entrenamiento riojana hasta la cima del BMX internacional, Matías Montenegro construyó una historia de sacrificio, regreso y consagración. Tras haber sido campeón del mundo en Dinamarca, el riojano acaba de reafirmar su vigencia con un nuevo golpe de autoridad: se consagró campeón sudamericano en Bogotá, consolidándose como una de las grandes referencias del BMX argentino y emblema del semillero de La Rioja.

El sol empezaba a caer detrás de las sierras riojanas y una luz dorada se desparramaba sobre la pista del Polideportivo Carlos Saúl Menem, en la capital de La Rioja. Los chicos daban las últimas vueltas, algunos con más entusiasmo que técnica, otros ya insinuando ese pulso competitivo que define a los riojanos. A un costado, entre bicicletas apoyadas y padres conversando, Matías Montenegro terminaba su jornada como profesor. Recién entonces se permitió bajar el ritmo, acercarse, sonreír y empezar a contar. Posó para las fotos, mostró algo de su habilidad y nos abrió la puerta de una historia que mezcla talento, sacrificio y una certeza: en La Rioja el BMX no es un deporte más.

“Empecé a los 6 años más o menos… fue una coincidencia. Venía a jugar al fútbol acá y veía a los chicos andar en la pista”, recuerda. La escena, que podría ser una anécdota más de infancia, es en realidad el primer eslabón de una cadena que ya lleva más de 25 años. Porque Montenegro no solo se quedó: creció, compitió, ganó y, sobre todo, entendió el pulso de un deporte que en esta provincia tiene algo distinto.

Ese ascenso fue vertiginoso. “El primer año corrí en novicios… y al siguiente salí campeón argentino. Después pasé a expertos y también fui campeón argentino, campeón latinoamericano, campeón panamericano…”, enumera sin grandilocuencias, como si repasara una lista ajena. Pero no lo es. A los 17 ya estaba en la órbita de la Selección Argentina, donde permaneció casi una década. En ese recorrido, acumuló resultados de peso en la categoría elite: top 30 del ranking mundial, podios sudamericanos y panamericanos, y hasta el rol de suplente en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Un camino largo, de constancia, que tuvo un corte abrupto.

Porque antes del mayor logro de su carrera hubo silencio. Cinco años de inactividad. “Fueron varios factores… estaba terminando el profesorado de educación física, llegó la pandemia, no había competencias… y también el trabajo”, explica. Sin calendario, sin objetivo, el motor interno se apagó. El BMX quedó en pausa. Hasta que volvió.

“Cuando regresé, la pasión que estaba apagada se encendió muy rápido”, dice. Y ahí aparece el punto de quiebre. Montenegro volvió a subirse a la bici en 2024, compitió lo justo y en 2025 decidió ir a fondo. “La cabeza funciona las 24 horas para un objetivo… no es solo lo físico, es lo mental, la alimentación, el descanso”. Todo alineado para un solo disparo.

Ese disparo fue el Campeonato Mundial de BMX en Dinamarca. Y dio en el centro. “Fui a hacer lo que quería, lo disfruté al 100% y di mi máximo”, asegura sobre la consagración que lo convirtió en campeón del mundo en la categoría mayores. Un logro que no solo lo consagró a él, sino que volvió a poner a La Rioja en el mapa grande del BMX. Y que, días atrás, tuvo continuidad con su título en el Campeonato Sudamericano de Bogotá, confirmando su vigencia en la elite internacional.

Lo curioso es que todo ese proceso se gestó sin salir de casa. “Entrené acá en La Rioja, en la pista local. El gimnasio también lo hago acá y los trabajos de velocidad en el parque de la ciudad”, explica. En tiempos donde la alta competencia suele estar asociada a estructuras internacionales, y más si se tiene en cuenta que el predio de entrenamiento de La Rioja no hace mucho que fue convertido de un circuito de pura tierra a uno con cemento y largadores profesionales.

Pero esa misma pista donde se formó es un semillero de talentos. Mientras habla, los chicos siguen girando. “Hay entre 90 y 120 chicos practicando de manera constante”, cuenta. Y no es casualidad. “La Rioja tiene algo particular… es una ciudad chica, pero con muchos pilotos. El nivel siempre es alto porque constantemente salen campeones”. La ecuación parece simple: formación constante, competencia frecuente y acceso a la pista.

Pero hay algo más difícil de medir ¿Por qué una provincia de tan solo 400 mil habitantes es capaz de producir tanto talento?. “El riojano es muy pasional. Siempre hago la comparación: como el argentino con el fútbol, acá pasa con el BMX”, asegura Montenegro. Esa pasión explica por qué, en cada certamen en el que participan, los representantes de La Rioja son protagonistas. No es solo cantidad: es nivel competitivo sostenido.

Montenegro lo ve ahora desde otro lugar, el de formador. “Muchos chicos ven estos logros y creen que ellos también pueden. Eso los motiva”. La referencia no es menor. En una disciplina donde los espejos suelen estar lejos, tener un campeón del mundo dando clases todos los días cambia la perspectiva.

Claro que el camino no es liviano. “Desde chico vas resignando cosas… cumpleaños, salidas, eventos familiares. Después, de grande, es el descanso, el trabajo, los horarios… y entrenar con 40 grados también”, advierte. El alto rendimiento tiene una cara invisible: la del sacrificio constante.

¿Y por qué hacerlo? Montenegro no duda: “Todo por la pasión”. Hace una pausa, mira la pista, a los chicos que siguen girando, y cierra con una definición que resume todo: “El BMX es la vida misma”.

En esa frase se condensa su historia, sus títulos, su regreso y el fenómeno riojano. Porque en La Rioja, el BMX argentino no solo se practica: se vive, se transmite y, como demuestra Matías Montenegro, también se conquista el mundo.