El más canchero: la voz del futbol de los 90

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El histórico relator argentino Marcelo Araujo falleció a los 78 años y dejó un legado imposible de repetir: relatos desbordados, frases inolvidables y una manera de contar el fútbol que parecía más de hincha que de periodista. Entre goles gritados hasta quedarse sin aire y discusiones eternas con Macaya, se fue uno de los narradores más queridos, polémicos y divertidos de la televisión.

Si creciste mirando fútbol argentino en los 90´s, la voz de Marcelo Araujo, la tenés grabada en la memoria: relator canchero, conductor, personaje y a veces showman involuntario, falleció este 16 de marzo de 2026 a los 78 años, tras complicaciones de salud derivadas de una neumonía y un deterioro físico que venía arrastrando desde hace años.

Había nacido el 12 de junio de 1947 en Buenos Aires, y pocos sabran que lo hizo con el nombre de Lázaro Jaime Zilberman, pero el país lo conoció como Marcelo Araujo, el hombre que podía relatar un lateral como si fuera la final del mundo y discutir un penal como si se jugara el honor nacional.

Durante décadas fue la voz principal del fútbol argentino en televisión, sobre todo en el mítico programa Fútbol de Primera, donde entre 1989 y 2004 se convirtió en el relator más escuchado del país, formando una dupla histórica con Enrique Macaya Márquez, a quien interrumpía más seguido que el VAR.

El relator que gritaba antes del gol (y a veces también después)

Araujo no relataba partidos, los vivía. Y si no pasaba nada, lo inventaba. Su estilo descontracturado rompió con la formalidad de los viejos locutores deportivos. No hablaba como profesor, hablaba como hincha. De ahí nacieron frases que quedaron para siempre en la cultura futbolera argentina, como el inolvidable: “¿Fue penal o estoy crazy, Macaya?”

También era capaz de repetir el nombre de un jugador veinte veces seguidas, discutir con el comentarista al aire o quedarse callado justo cuando venía el gol, para después gritarlo con retraso pero con el doble de volumen. Relató momentos históricos de la Selección Argentina, como el gol de Caniggia a Brasil en el Mundial 1990, el de Maradona a Grecia en 1994 o el de Zanetti a Inglaterra en 1998, siempre con esa mezcla de emoción, exageración y nerviosismo que lo hacía único.

Le tocó narrar derrotas durísimas, incluida la goleada 5-0 de Colombia en el Monumental, que probablemente gritó con menos entusiasmo pero con el mismo dramatismo y humor.

Un personaje más grande que el partido

La carrera de Araujo empezó en los años 70, pasó por transmisiones internacionales, mundiales, Copas Libertadores, Fútbol para Todos y cuanto programa deportivo existiera. Si había una cámara y una pelota, él estaba listo para relatar.

En los últimos años su salud fue frágil. En 2021 sufrió una caída doméstica, contrajo Covid-19 y estuvo internado largo tiempo, lo que marcó el inicio de un deterioro físico que nunca logró revertir del todo. Aun así, siguió siendo un personaje querido, discutido, imitado y citado por generaciones de relatores que crecieron escuchándolo gritar goles como si estuviera en la popular.

El hombre que convirtió el relato en espectáculo

Marcelo Araujo no fue el más técnico, ni el más prolijo, ni el más neutral. Pero fue, probablemente, el más divertido, porque se notaba que se divertía él. Relataba con ansiedad, con pasión, con errores, con exageraciones y con esa sensación permanente de que en cualquier momento iba a pasar algo, aunque el partido estuviera 0-0 y jugando un lunes a la tarde.

Y eso, en el fútbol argentino, vale más que cualquier estadística. Hoy se fue una voz que no pedía silencio…
pedía que alguien pateara al arco para poder gritar. Porque si algo dejó claro Marcelo Araujo en cada transmisión, es que el fútbol sin emoción no sirve, y el relato, sin locura y diversión, tampoco.