Alejandro Schujman: «Las canciones son el reflejo de cada época»

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Para Alejandro Schujman, las canciones no son solamente recuerdos: son escenas completas de la vida. Un cumpleaños de la infancia, una despedida, una mano sostenida, una emoción que vuelve intacta décadas después. La música, dice, tiene la capacidad de transportarnos hacia aquello que creíamos perdido y devolvernos, aunque sea por un instante, a quienes fuimos.

Licenciado en Psicología y especialista en vínculos, Schujman lleva años trabajando sobre bienestar emocional, relaciones familiares y procesos de transformación personal. Coordinador de la Red Asistencial PSI, conferencista y referente en medios de comunicación, es además autor de títulos como No huyo, solo vuelo. El arte de soltar a los hijos y Con el amor no alcanza, libros donde explora los desafíos emocionales de los vínculos contemporáneos.

Esa conexión íntima con las canciones es el punto de partida de Somos lo que cantamos, el espectáculo que comparte con Maxi Mc Coubrey y que propone un cruce entre psicología, memoria y música en vivo. En escena, las melodías funcionan como disparadores emocionales, pero también como una forma de pensar los vínculos, las épocas y aquello que cada generación canta —y calla— sobre sí misma.

Con sensibilidad, humor y una fuerte participación del público, la propuesta transforma el teatro en una experiencia colectiva donde las canciones dejan de ser solo banda sonora para convertirse en parte de nuestra identidad emocional.

En esta entrevista con RANDOM, Schujman habla sobre la música como refugio y compañía, sobre las huellas afectivas que dejan ciertas canciones y sobre cómo aquello que escuchamos también cuenta quiénes somos.

— “Somos lo que cantamos” parte de una idea muy potente: que nuestras elecciones musicales hablan de nosotros. ¿Qué descubriste sobre vos mismo al llevar esta premisa al escenario?

Redescubrí mi conexión profunda con la música. De mi parte, la idea del espectáculo surgió a partir del recuerdo de mi cumpleaños de siete años, caminando de la mano de mi padre y de mi madre en el viejo Italpark. Cantando la canción de Los Beatles, Say Yes, Say No. Cada vez que pienso en esa canción, vuelvo a vivir ese momento y esa fue, en lo que a mí respecta, la inspiración primordial para empezar a planear este espectáculo junto a Maxi.

«…Los Beatles marcaron una época hermosa, maravillosa. El trap marca otra. Las infancias hoy están atravesadas por contenidos que lejos de educar en la gestión de las emociones provocan una hipererotización compleja y peligrosa…»

— Venís trabajando hace años sobre vínculos y procesos de soltar. ¿Qué rol juega la música en esos momentos donde las palabras a veces no alcanzan?

Sentimos con canciones, sentimos en canciones. La música nos transporta, los momentos de alegría son más alegres si ponemos una canción arriba y a veces podemos salir de un momento de dolor y tristeza con una canción que nos levante el ánimo. La música sana y la música acompaña los momentos más lindos y más difíciles.

En el entierro de mi madre sonó Schubert, un impromptu que mi madre solía tocar en piano. Fue la despedida perfecta de uno de los momentos más difíciles de mi vida.

— En este espectáculo el “consultorio” se vuelve escena. ¿Qué cambia en tu forma de comunicar cuando el público deja de ser oyente y pasa a ser parte activa?

El público en el espectáculo es protagonista y forma parte esencial de la apuesta.

El consultorio se extiende del escenario a la platea. En una comunión hermosa que esperemos que sea memorable para nosotros y para los espectadores.

— Hay algo muy generacional en las canciones que nos marcan. ¿Creés que hoy las nuevas formas de escuchar música modifican también la manera en que sentimos o nos vinculamos?

Las canciones son el reflejo de cada época y sirven para hacer un diagnóstico de cada momento histórico. Somos lo que cantamos hace referencia a los distintos momentos de la vida y los diferentes momentos de la historia. Porque la música también nos sirve de punto de referencia en la impronta de nuestro devenir.

Los Beatles marcaron una época hermosa, maravillosa. El trap marca otra. Las infancias hoy están atravesadas por contenidos que lejos de educar en la gestión de las emociones provocan una hipererotización compleja y peligrosa.

— ¿Hubo alguna canción que, al analizarla desde lo clínico, te haya sorprendido por lo que revela emocionalmente?

Me sorprendió el análisis de I Will Always Love You que canta Whitney Houston y que aparece en un momento del espectáculo. Es una de las canciones menos amorosas que alguien puede imaginarse.

A lo largo de la charla, Alejandro Schujman vuelve siempre al mismo lugar: las canciones como marcas emocionales del tiempo vivido. Algunas acompañan momentos felices. Otras quedan inevitablemente unidas al dolor, a las despedidas, a quienes ya no están. Pero todas, de algún modo, siguen hablando de nosotros.

En Somos lo que cantamos, esa memoria afectiva se vuelve compartida. Lo personal encuentra eco en otros y el escenario se transforma en un espacio donde cada espectador completa la experiencia con su propia historia sonora. Quizás las canciones no solo acompañan la vida. Tal vez también la organizan, la explican y la dejan resonando mucho después de que termina la música.