Cada 24 de mayo se celebra en Argentina el Día Nacional de la Olivicultura, una fecha que reconoce la importancia histórica, económica y cultural del cultivo del olivo en el país. La conmemoración está profundamente ligada a la provincia de La Rioja, especialmente a la localidad de Aimogasta, considerada el punto de origen de la actividad olivícola argentina.
La fecha remite al histórico olivo conocido como el “Padre de la Olivicultura”, un árbol centenario ubicado en Aimogasta y declarado Monumento Histórico Nacional. Según distintas investigaciones históricas, desde allí comenzó la expansión del cultivo hacia otras regiones del continente durante la época colonial.
La Rioja, cuna de la olivicultura argentina
La combinación de clima seco, gran amplitud térmica y abundante sol convirtió a La Rioja en un territorio ideal para el desarrollo del olivo. Con el paso del tiempo, el departamento Arauco se consolidó como uno de los principales polos productores del país.
En torno a esta actividad creció gran parte de la economía regional. La producción de aceitunas y aceite de oliva pasó de ser artesanal a convertirse en una industria clave para la provincia, generando empleo y desarrollo agrícola.

Uno de los mayores símbolos de esta tradición es la variedad Arauco, considerada la cepa olivícola autóctona argentina y reconocida internacionalmente por la calidad e intensidad de sus aceites.
Una industria que sigue creciendo
Durante el siglo XX, la olivicultura riojana incorporó sistemas de riego, mecanización y nuevas tecnologías que permitieron ampliar la producción y mejorar la calidad. Actualmente, La Rioja se mantiene entre las provincias líderes del sector junto a San Juan, Mendoza y Catamarca.
Además del impacto económico, el olivo forma parte de la identidad cultural riojana. La tradicional Fiesta Nacional de la Olivicultura, realizada en Aimogasta, celebra cada año la historia y el trabajo de generaciones de productores.

Hoy, la industria enfrenta desafíos vinculados al clima y al uso eficiente del agua, pero continúa siendo una de las actividades regionales más importantes del noroeste argentino. En ese escenario, La Rioja conserva su lugar como corazón histórico de la olivicultura argentina, una tradición que une producción, cultura e identidad.








