Hay asociaciones que son inevitables, incluso inconscientes. Por eso muchos cuando pensamos en vino automáticamente lo completamos con malbec. Si te preguntan tus tres favoritos: malbec, malbec, malbec. ¡La idea fija! ¡Qué se le va a hacer!. Comprendo que los que venimos de la época de vino de mesa o vino fino –tampoco es del tiempo de las cavernas, es acá nomás- tuvimos mucho camino que recorrer para advertir, diferenciar y disfrutar de la variedad de las cepas. Parecía que todo era más bien blanco o negro y pará de contar.
Sí, había bodegas clásicas que eran una garantía y costaban otros billetes, y todos la podíamos recitar de memoria como los 11 de la selección. En cualquier charla o recomendación nadie salía a decirte probaste ese sauvignon blanc? Viste lo que es ese Syrah? Hay un tempranillo que…
Por eso cuando la vitivinicultura argenta evolucionó y creció en bodegas y enólogos y mejoraron el malbec hasta la estratósfera, nos enamoramos a primera vista. No sólo porque era bueno, era rico (para no darle vuelta con las metáforas) y encima, era nuestro. O prácticamente nuestro porque nadie lo lograba mejor que nosotros en ninguna parte del globo. Y pasionales como somos lo defendemos a capa y espada y le juramos amor eterno. Casi como al cuadro del que sos hincha. Hasta que la parca se lleve la copa.
Entonces si alguien ya hace años que te dice “prestale atención al cabernet franc”,
“fíjate lo que es eso”, “sacate un poco la camiseta del malbec y probalo”, dale. Y pese a que uno es “enemigo” de las modas y el snobismo, y desconfía. Y se deja estar. Se tarda demasiado en dejarse seducir y entender que en cuestión de cepas, uno puede formar varias parejas, menage a trois, botellas parelelas, etc, que el Malbec no se va a enojar.

Por fin, pruebo el Lamadrid Reserva Cabernet Franc a secas. Sin maridar ni pensar en otra cosa. Que en asuntos de atracción mejor que los sentidos no se dispersen. Hay claro, otros muy buenos cabernet fran en nuestro país, hace rato que las bodegas se están esmerando. No obstante, este tinto puede acomodarse en el podio sin cuestionamientos. Y ni hablar en el segmento de mi columna, este Lamadrid llegó para quedarse por muchos años entre mis preferidos.
…Se tarda demasiado en dejarse seducir y entender que en cuestión de cepas, uno puede formar varias parejas, menage a trois, botellas parelelas, etc, que el Malbec no se va a enojar…
Su origen es de Finca La Suiza, en Agrelo, Luján de Cuyo y la enóloga: aplausos de pie para Angelina Yanez. No hay con qué darle a la gente de experiencia, déjame con alguien como ella que lleva dos décadas en la industria. Formada en Mendoza y con experiencia en bodegas de Argentina y España, Yañez combina el conocimiento técnico con una mirada integral del viñedo. Su enfoque está centrado en la comprensión del terroir, especialmente en Agrelo y Luján de Cuyo, donde busca reflejar la identidad de cada finca en los distintos perfiles de vinos.

La bodega es muy perfeccionista en todo el proceso, ahí está la clave de este vinazo. “Estamos haciendo muchas microvinificaciones y diferenciaciones por cuadros de cada finca. Eso nos permite tener una trazabilidad muy importante. Además, como trabajamos en una bodega orgánica, los registros y auditorías son clave. Nuestras botellas están todas identificadas con un código, que marca la trazabilidad desde la cosecha hasta el producto fraccionado”, en palabras de Yañez.
Párrafo aparte, yo nunca le doy bola al “outfit” de la botella ni al trabajo de la gente de diseño que suele hacer lindas etiquetas, es que voy derecho a lo que me interesa, lo que está adentro; pero esta viene vestida elegante. Primero desde el papel, cuando un vino viene envuelto te dispara algo de misterio, luego una especie de puerta, de hendija o de orificio de cerradura en la etiqueta, según quien lo mire para espiar el contenido, y hasta un escudo con relieve que podrías quedártelo como medalla. No sé queda en la imagen, muy por el contrario, homenajea un tinto que te puede cambiar el día. Y en esta época, eso no es poca cosa.
Vino recomendado: Lamadrid Single Vineyard Reserva Cabernet Franc
Costo aprox al cierre de la nota: $18000
Con quién degustarlo: Con alguien que valga realmente la pena








