El Gran Lienzo: La Mitología Literaria de Jonatan Lipner

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Con una obra que combina fantasía, ciencia ficción, elementos de la cultura argentina y filosofías orientales, el escritor Jonathan Lipner lleva más de seis años desarrollando El Gran Lienzo, un universo narrativo que ya dio origen al libro de cuentos El precio del Infinito y a la novela Mil ojos en la noche. En esta conversación repasa sus inicios, su método de trabajo, la relación con sus lectores y su ambicioso proyecto de convertir su mundo ficticio en un espacio abierto para futuras generaciones de autores.

Durante los últimos años, Jonathan Lipner se ha consolidado como una de las voces emergentes de la fantasía independiente argentina. En 2023 publicó El precio del Infinito, una colección de doce cuentos ambientados en el universo de El Gran Lienzo, un proyecto narrativo que comenzó a desarrollar en 2020 y que combina influencias de la literatura fantástica clásica, la ciencia ficción y diversos elementos culturales argentinos. El propio autor ha explicado que el libro nació como una experiencia interactiva junto a sus seguidores en redes sociales, quienes participaron en la construcción de varias de sus historias.

Nacido en General Rodríguez, criado en Rafaela y actualmente radicado en Vicente López, Lipner se define ante todo como un escritor. Sin embargo, su trabajo se podría describir también como el de un influencer literario: documenta su proceso creativo, reflexiona sobre la disciplina de la escritura y proyecta la creación de una estructura editorial propia para que, en el futuro, otros autores puedan expandir el universo de El Gran Lienzo. En esta entrevista habla sobre ese recorrido, sus influencias y la filosofía que sostiene su trabajo cotidiano.

Cortesía Jonatan Lipner

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?

—Escribo desde hace casi 25 años. Desde chico estuve muy asociado a la idea de escribir y publicar. Siempre cuento una anécdota: cuando iba al secundario no tenía trabajo y, para poder salir los fines de semana, escribía un cuento por semana. Lo redactaba, lo formateaba en la computadora del colegio, lo imprimía y después lo vendía por el barrio. Hacía eso todas las semanas para juntar algo de dinero.

Por eso, para mí la escritura y la publicación siempre estuvieron asociadas. El proyecto en el que trabajo actualmente es El Gran Lienzo, un mundo que empecé a desarrollar poco antes de la pandemia, en 2020. Venía de casi dos años sin escribir prácticamente nada y decidí cambiar el enfoque: intentar escribir todos los días.

La pandemia, que para mucha gente fue un período muy difícil, en mi caso me permitió enfocarme más en ese objetivo. En 2023 publiqué El precio del Infinito y este año estoy publicando Mil ojos en la noche, que es una novela. Además, probablemente en noviembre publique otro libro llamado Cómo crear una marca y fracasar exitosamente, una obra difícil de encasillar porque no es exactamente una novela ni una colección de cuentos.

¿Dónde naciste y dónde vivís actualmente?

—Nací en General Rodríguez, en el conurbano bonaerense. Viví allí hasta los 13 años. Después me mudé a Rafaela, en la provincia de Santa Fe, donde viví otros 13 años. Más tarde me instalé en Capital Federal, entre 2007 y 2008, y hace aproximadamente un año y medio me mudé a Vicente López.

Cortesía Jonatan Lipner

Me llamó mucho la atención cómo mostrás en redes sociales tu proceso de escritura. ¿Cómo nació esa idea?

—En realidad es algo que viene de mucho antes. Tengo cuadernos de hace más de 20 años donde marcaba los días que escribía y los días que no. Siempre tuve esa intención de llevar un registro.

A principios de 2020 me propuse reservar una parte del día exclusivamente para escribir. Detrás de eso hay una filosofía que llamo “el día perfecto”. La idea es pensar la vida como si estuviera compuesta por un único día que se repite. Uno se despierta, vive, se duerme, y al día siguiente vuelve a hacer lo mismo.

Entonces me pregunto: ¿qué debería contener un día para ser satisfactorio? Hay cosas que uno tiene que hacer, como trabajar o compartir tiempo con la familia, y otras que disfruta hacer. La clave es encontrarles un espacio.

En mi caso, trabajo, voy al gimnasio todos los días y escribo todos los días. Eso me permite separar la acción del resultado.

¿A qué te referís con separar la acción del resultado?

—A concentrarse únicamente en el trabajo de hoy. Es algo muy parecido a lo que ocurre con el gimnasio. Cuando levantás peso todos los días parece que no avanzás porque repetís la misma rutina, pero en realidad estás construyendo algo.

Con la escritura pasa lo mismo. Uno no debería pensar en el libro terminado ni en el capítulo siguiente. Tiene que pensar en las palabras que puede escribir hoy.

A veces escribís mucho, a veces poco y a veces no escribís nada. Pero si te sentaste frente a la pantalla, ya hiciste el trabajo. Al día siguiente volvés y quizás escribís una oración. Después construís sobre esa oración. Y así, con el tiempo, el libro termina apareciendo.

Para mí, un libro es simplemente una colección de días en los que alguien se sentó a escribir.

El precio del Infinito es un libro de cuentos, mientras que Mil ojos en la noche es una novela. ¿Cómo fue la diferencia entre ambos procesos?

—Los cuentos tuvieron dos orígenes. Por un lado, hice un experimento con mis seguidores de Instagram. Les propuse elegir personajes, lugares, objetos, situaciones y preguntas dentro del universo de El Gran Lienzo. A partir de esas combinaciones surgieron seis premisas que luego convertí en cuentos.

Después escribí otros seis relatos para complementar y reforzar distintos aspectos del mundo.

La novela fue diferente porque ya tenía una idea central y un objetivo concreto. También hubo varias reescrituras, pero fue un proceso más lineal.

El precio del Infinito lo escribí tres veces. Algunos cuentos fueron reescritos casi por completo. En la novela también hice tres rondas de revisión, aunque fue más sencillo mantener la consistencia porque toda la obra forma parte de una misma estructura narrativa.

Los dos libros transcurren en el universo de El Gran Lienzo. ¿Cómo describirías este universo?

—Es una mezcla de fantasía y ciencia ficción. Me gusta decir que tiene una estética argentina porque combina elementos nacionales con influencias de los siglos XVIII y XIX, además de una fuerte presencia de ideas y estéticas asiáticas.

Dependiendo del período histórico que se observe dentro de ese mundo, esas influencias cambian. Hay casi 600 años de historia desarrollados.

Por ejemplo, los personajes toman mate de manera completamente natural. Es parte de su cultura. También aparecen armas y elementos asociados a tradiciones orientales, como ciertas lanzas, espadas y diseños de vestimenta.

En el plano filosófico hay una influencia muy marcada del taoísmo y del budismo. La principal creencia del mundo es el concepto del equilibrio, algo distinto a la visión más lineal de la historia que suele caracterizar a las tradiciones occidentales.

También están presentes temas muy argentinos, como la tensión entre civilización y barbarie.

¿Cuáles son tus principales influencias culturales y literarias?

—Son muchas. Entre los escritores aparecen J. R. R. Tolkien, Jorge Luis Borges y David Foster Wallace.

También hay influencias provenientes del cómic, de los videojuegos y del cine. Hollow Knight, por ejemplo, es una referencia importante. Y en el cine me influyen mucho las películas de Guillermo del Toro.

Es una mezcla muy amplia de elementos que terminan convergiendo en el proyecto.

¿Cómo describirías tu relación con los lectores en redes sociales?

—Tiene algo muy lindo y algo muy extraño.

Por un lado, me encanta que la gente participe. Pero la mayor parte del tiempo no recibo respuestas. No hay comentarios constantes ni interacción permanente.

Sin embargo, con el tiempo descubrí que eso no significa que no haya nadie del otro lado. Muchas veces personas que jamás comentaron me dicen después de años que leyeron todo lo que publiqué.

Entonces uno aprende a confiar. Es como lanzar una botella al mar. A veces parece que nadie la va a encontrar, pero después descubrís que alguien la recibió.

Creo que con la escritura pasa exactamente lo mismo.

Cortesía Jonatan Lipner

También creaste Ciudad Hermética, una editorial. ¿Cómo surge ese proyecto?

—Ciudad Hermética es el proyecto editorial que va a acompañar el desarrollo de El Gran Lienzo.

Lo hice por dos motivos. El primero es que todavía existe una diferencia importante entre publicar como autor independiente y hacerlo a través de una editorial.

El segundo motivo es más importante: no quiero que El Gran Lienzo termine conmigo.

Me interesa mucho lo que hizo George Lucas con Star Wars. Creó un universo que después fue expandido por otras personas.

Mi objetivo es que, en algún momento, otros autores puedan escribir historias dentro de este mundo. La editorial funcionará como un paraguas que permita publicar esas obras.

Para cerrar, ¿qué balance hacés de estos años y qué se viene hacia adelante?

—Ya son seis años de trabajo en este proyecto. Los primeros fueron bastante silenciosos. Creo que ahora empiezan los años más movidos.

Va a haber más publicaciones, más proyectos concretos y nuevas iniciativas vinculadas a la editorial.

También estoy terminando una página web donde los libros podrán leerse de manera gratuita. La idea es que El precio del Infinito esté disponible para cualquier lector y que, después de la preventa y un breve período de tiempo, ocurra lo mismo con Mil ojos en la noche.

Lo que aprendí en todo este tiempo es que muchas veces uno trabaja durante años pensando que no pasa nada. Pero de repente todo empieza a moverse al mismo tiempo.

Por eso creo que lo importante es seguir trabajando, seguir haciendo y seguir confiando. Porque la única forma de que aparezcan cosas concretas es construirlas.