Milo J: volver al origen después de conquistar el mundo

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Con 19 años, Milo J convirtió su recorrido desde el oeste del conurbano en una de las historias más singulares de la música argentina contemporánea. Del freestyle y los primeros viajes en colectivo a los estadios, el Tiny Desk, los escenarios internacionales y un disco que recupera el folklore para llevarlo a las nuevas generaciones. El 5 de diciembre, Córdoba será la última estación argentina de un año que terminó de confirmar su transformación artística.

Hay una imagen que permite entender buena parte de la historia de Milo J: un adolescente de Morón, con una SUBE en el bolsillo y canciones que todavía no sabían hasta dónde podían llegar, cruzando Buenos Aires para encontrarse con otros músicos, grabar, escribir y buscar su lugar. No había todavía estadios, giras internacionales ni escenarios en Nueva York. Había canciones.

Mucho tiempo después, ese mismo recorrido parece haberse invertido. Milo J atravesó América Latina, Europa y Estados Unidos, llenó estadios, fue reconocido con algunos de los premios más importantes de la música argentina, grabó una sesión para Tiny Desk y llevó su música hasta escenarios como Rock in Rio y SummerStage, en Central Park. Y ahora vuelve.

El 5 de diciembre, el Estadio Mario Alberto Kempes será el escenario de su único show en Argentina durante 2026, en el marco de La Vida Era Más Corta Tour Mundial. Pero el regreso a Córdoba tiene algo más que una dimensión geográfica. Llega después de un año en el que Milo terminó de confirmar que su historia ya no puede contarse solamente desde el trap o la música urbana.

No tuvo demasiado tiempo para atravesar lentamente las distintas etapas de una carrera. Cada descubrimiento llegó acompañado por una exposición mayor.

A los 19 años, el artista nacido en Morón se encuentra en un lugar particular: todavía tiene la edad de quien está empezando a descubrir quién quiere ser, pero carga con una trayectoria que en muchos aspectos parece pertenecer a alguien mucho mayor.

Antes de que su nombre apareciera asociado a Bizarrap, antes de los millones de reproducciones y antes de que sus canciones viajaran mucho más lejos de las calles que las habían inspirado, Milo J fue un chico que encontró en la música una manera de decir lo que todavía no sabía explicar de otra forma.

El freestyle fue una de sus primeras escuelas. Como tantos artistas de su generación, encontró en las plazas y en las batallas un territorio donde la palabra podía convertirse en identidad. Pero rápidamente apareció otra necesidad: escribir canciones. Sus primeros lanzamientos comenzaron a mostrar una sensibilidad que iba más allá de la competencia y la improvisación. “Milagrosa” y, especialmente, “Rara Vez” empezaron a construir un nombre que todavía no tenía dimensión nacional.

Milo J atravesó América Latina, Europa y Estados Unidos, llenó estadios, fue reconocido con algunos de los premios más importantes de la música argentina,

La segunda, producida junto a Taiu, fue una de esas canciones que encuentran una vida propia en internet y transforman, casi sin aviso, la carrera de quien las interpreta. Y esa juventud siempre fue parte de su historia, pero también una de las razones por las que su evolución artística resulta tan interesante. No tuvo demasiado tiempo para atravesar lentamente las distintas etapas de una carrera. Cada descubrimiento llegó acompañado por una exposición mayor.

La colaboración con Bizarrap en la BZRP Music Sessions #57 terminó de cambiar la escala. La canción puso a Milo frente a una audiencia internacional y confirmó algo que sus primeras canciones ya insinuaban: detrás de una voz todavía adolescente había un artista capaz de construir un universo propio.