La negociación: cuando la rabia contra el sistema se convierte en espectáculo

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Dead Man's Wire. Photo Credit Stefania Rosini/Row K Entertainment

Gus Van Sant lleva al cine la increíble historia real de Tony Kiritsis, el hombre que en 1977 tomó como rehén a un ejecutivo hipotecario y mantuvo una escopeta conectada a su cuello durante 63 horas. Con Bill Skarsgård, Dacre Montgomery, Colman Domingo, Myha’la, Cary Elwes y la participación especial de Al Pacino, la película llega a los cines argentinos el 27 de agosto.

En 1977 todavía faltaban décadas para que existieran las redes sociales, los teléfonos inteligentes y la posibilidad de convertir una indignación personal en un fenómeno viral. Pero algunas cosas ya estaban inventadas: la televisión en vivo, la fascinación por el escándalo y una audiencia dispuesta a mirar cómo una crisis privada se transformaba, minuto a minuto, en espectáculo.

Gus Van Sant parte de ese mundo para contar una historia real tan improbable que parece escrita para el cine. La negociación (Dead Man’s Wire) reconstruye el secuestro de Richard O. Hall, un ejecutivo de una compañía hipotecaria de Indianapolis, a manos de Anthony G. “Tony” Kiritsis, un hombre convencido de que había sido estafado y que decidió reclamar lo que consideraba suyo de la manera más extrema posible.

La mañana del 8 de febrero de aquel año, Kiritsis llegó al despacho de Hall con una escopeta recortada calibre 12. Pero no se trataba simplemente de un arma. Había preparado un mecanismo conocido como “dead man’s wire”: un cable conectaba el gatillo con el cuello de su rehén, de modo que cualquier intento de intervención podía hacer que el arma se disparara. Durante las siguientes 63 horas, Hall quedó literalmente unido a la amenaza de muerte.

Austin Kolodney, responsable del guion, trabajó a partir de los registros y las imágenes existentes del caso. El material de archivo fue fundamental para reconstruir la historia y entender no solamente lo que ocurrió, sino también cómo fue contado en aquel momento.

Kiritsis tenía tres exigencias: cinco millones de dólares, no ser procesado por el secuestro y obtener una disculpa personal de la familia Hall. Detrás de esas demandas estaba su convencimiento de que la compañía hipotecaria había actuado contra sus intereses para quedarse con un terreno que él pretendía desarrollar. La historia de un hombre enfrentado a una institución financiera podía haber quedado como otro episodio policial de los años setenta. Pero algo ocurrió en el medio: la televisión convirtió el caso en un acontecimiento nacional y Kiritsis empezó a adquirir una dimensión inesperada, cercana a la de un héroe popular para parte de la audiencia. Y ahí aparece el verdadero interés de la película.

Dead Man’s Wire. Photo Credit Stefania Rosini/Row K Entertainment

La negociación podría ser solamente un thriller basado en hechos reales. Tiene todos los elementos: un rehén, un arma, policías, negociadores, una amenaza imposible de ignorar y un protagonista que parece cada vez menos predecible. Pero Van Sant está interesado en algo más incómodo: ¿qué sucede cuando una protesta desesperada encuentra una audiencia?

La negociación (Dead Man’s Wire) reconstruye el secuestro de Richard O. Hall, un ejecutivo de una compañía hipotecaria de Indianapolis, a manos de Anthony G. “Tony” Kiritsis, un hombre convencido de que había sido estafado y que decidió reclamar lo que consideraba suyo de la manera más extrema posible.

El secuestro de Kiritsis ocurrió en una época en la que la televisión podía convertir un hecho policial en una experiencia colectiva. Las cámaras llegaron al lugar, las negociaciones comenzaron a ocupar espacio en los medios y el propio secuestrador terminó entendiendo que tenía un escenario. El crimen dejó de ser solamente un enfrentamiento entre dos hombres y pasó a convertirse en una representación pública.

Dead Man’s Wire. Photo Credit Stefania Rosini/Row K Entertainment

Ese aspecto conecta a La negociación con una tradición cinematográfica particularmente fértil: la de los personajes que, al enfrentarse con una estructura de poder, descubren que también pueden disputar el relato. La comparación con Tarde de perros (Dog Day Afternoon) resulta inevitable. También allí un hombre desesperado se enfrenta a una institución y, casi sin proponérselo, se convierte en una celebridad televisiva. Pero Van Sant incorpora además algo del espíritu de Network: la televisión como máquina capaz de absorber una tragedia, empaquetarla y devolverla convertida en entretenimiento. De hecho, algunas de las primeras críticas señalaron explícitamente esos dos referentes.

La diferencia está en que Kiritsis no entra en escena con la simpatía de un héroe tradicional. Es imprevisible, obsesivo, por momentos delirante y siempre peligroso. La película no necesita convertirlo en un justiciero para entender de dónde nace su furia.

En el centro está Bill Skarsgård, que interpreta a Kiritsis con una energía que las críticas destacaron especialmente. El actor construye a un hombre capaz de pasar de la amenaza a una cierta vulnerabilidad en cuestión de segundos, haciendo que nunca resulte sencillo determinar hasta dónde llega su convicción y dónde empieza la locura.

Dead Man’s Wire. Photo Credit Stefania Rosini/Row K Entertainment

Enfrente está Dacre Montgomery como Richard Hall, el hombre atrapado durante horas en una situación que parece no tener salida. Su personaje tiene una dificultad particular: mientras Kiritsis puede hablar, exigir, explicar y construir su propio relato, Hall permanece físicamente reducido a la condición de rehén. Su silencio y su miedo terminan funcionando como contracara de la verborragia del secuestrador.

La historia de un hombre enfrentado a una institución financiera podía haber quedado como otro episodio policial de los años setenta. Pero algo ocurrió en el medio: la televisión convirtió el caso en un acontecimiento nacional

El elenco suma además a Colman Domingo, Myha’la y Cary Elwes, mientras que Al Pacino aparece como M. L. Hall, una figura central en el conflicto que Kiritsis pretende resolver. La presencia de Pacino tiene, además, una resonancia cinematográfica inevitable: décadas después de Tarde de perros, vuelve a aparecer en una historia donde dinero, desesperación, violencia y exposición pública vuelven a cruzarse. Quizás lo más inquietante de La negociación sea que no necesita actualizar la historia para que resulte contemporánea.

En 1977 no existía Twitter, TikTok ni YouTube. No había transmisiones desde un teléfono ni influencers siguiendo un caso policial. Sin embargo, Kiritsis entendió algo que hoy forma parte de nuestra vida cotidiana: la atención también es una forma de poder. Su secuestro tenía una dimensión teatral. Tenía un arma, un rehén, demandas concretas y un público. Y cuanto más crecía la cobertura, más grande parecía volverse el personaje que había construido.

Dead Man’s Wire. Photo Credit Stefania Rosini/Row K Entertainment

Austin Kolodney, responsable del guion, trabajó a partir de los registros y las imágenes existentes del caso. El material de archivo fue fundamental para reconstruir la historia y entender no solamente lo que ocurrió, sino también cómo fue contado en aquel momento. Eso le permite a Van Sant jugar con una paradoja fascinante: cuanto más espectacular se vuelve el caso, más difícil resulta distinguir entre la persona y el personaje.

Y quizás ahí esté la pregunta que la película deja flotando mucho después de que termina el enfrentamiento: ¿Kiritsis se convirtió en noticia porque su protesta era extraordinaria, o su protesta se volvió extraordinaria porque descubrió que las cámaras estaban mirando? La negociación llega a los cines argentinos el 27 de agosto, dirigida por Gus Van Sant y protagonizada por Bill Skarsgård, Dacre Montgomery, Colman Domingo, Myha’la, Cary Elwes y Al Pacino. Una historia ocurrida hace casi medio siglo que, paradójicamente, parece haber esperado todo este tiempo para encontrar el presente en el que contarla.