Productor, empresario y creador de contenido, Negro Silva construyó en pocos años una carrera que lo llevó de organizar eventos pequeños a trabajar con algunos de los nombres más importantes de la música argentina. En una charla con Revista Random, habla de negociación, producción, redes sociales, la evolución de los grandes shows y de cómo aprendió a separar el trabajo de la diversión.
Hay quienes llegan a la producción de espectáculos desde la música, otros desde el negocio y algunos, como Negro Silva, desde una mezcla de curiosidad, intuición y muchos años de oficio. Su historia comenzó cuando todavía era muy joven, poniendo música y aprendiendo desde abajo cómo funciona la noche. Con el tiempo, esa experiencia se transformó en una productora capaz de llevar a distintas ciudades artistas de primera línea y de ampliar su actividad hacia el teatro y otros formatos.
En paralelo, Silva encontró otra manera de contar lo que hace. Durante el Mundial de Qatar descubrió el potencial de las redes sociales para mostrar culturas, viajes, economía y situaciones cotidianas desde una mirada personal. Desde entonces, el empresario y productor también se convirtió en creador de contenido. En esta entrevista cuenta cómo se negocia con una banda internacional, qué hay detrás de un camarín, por qué algunos artistas son más exigentes que otros y qué aprendió después de años de vivir entre la empresa y la noche.

– Sos empresario, productor y ahora influencer, por lo que estoy viendo.
Sí. Es como que en el Mundial de Qatar descubrí que estaba bueno mostrar una cultura totalmente diferente. Creo que ahí empecé a informar desde otra perspectiva, como lo veía yo, desde una persona normal, sobre lo que me interesaba. Y bueno, creo que de ahí seguí haciéndolo por todos los viajes, las cosas que hago o las cosas que me interesan y que me parece que por ahí también les pueden interesar a otras personas.
– ¿Vos mostrás lo que sos o tenés una idea de lo que querés hacer con el contenido?
Yo creo que me gusta mucho todo lo que es la economía desde diferentes perspectivas de la vida. Y bueno, lo veo en los viajes. No sé, consultándole cómo sobrevive la gente en otros lados. Todo el mundo dice que por ahí te vas afuera y que todo es mejor que donde vos estás. Entonces siempre trato de preguntar lo más que puedo para informarme yo y, de paso, lo voy compartiendo.
– ¿El Negro Silva es saludable? ¿Gym?
Sí. Yo creo que de toda una vida. Siempre dije que hay que darle horas a todo un poco.
– ¿Pero antes eras saludable o ahora estás más enfocado en eso?
No, siempre. A principios de los noventa, mientras podíamos, tratábamos de hacer gimnasia, dedicarle un poco de tiempo. Dedicamos ocho horas a trabajar y tantas horas a dormir, ¿por qué no vamos a dedicarle algunas horas al cuerpo, que es lo que nos mantiene presentes en la vida?
– Más allá del estrés, que debés manejar mucho, ¿también lo acompañás con la alimentación?
No sé si tan extremo. Trato de cuidarme porque es bueno para la vida estar un poco saludable. Me gusta, por un lado, y por otro lado estamos grandes también.
– La vida saludable no es solo el gimnasio. También es alimentarse bien, lo que le metés al cuerpo, el estilo de vida y cómo manejás el estrés. Yo sé que sos un tipo muy ocupado. ¿Cómo manejás el estrés?
Yo creo que soy bastante estructurado en hacer cosas aunque no tenga ganas. Me las propongo porque me parece que la vida tiene que tener como una rutina, aunque sea un poco aburrida. Decir: “Bueno, le dedico tiempo a esto, de este tiempo esto otro”. Entonces eso hace que te organices en la vida.
De esa forma me parece que me manejo y me manejé siempre. Me fue bien y me acostumbré a vivir de esa manera.
– Después, con la trayectoria, con los años y con la experiencia, ¿también cambia un poco?
Sí, obviamente. Eso te da como una espalda, una tranquilidad y un montón de cosas para negociar con productores, en este caso, hoy en día.
Pero bueno, yo creo que tengo una veta comerciante, como me decía mi abuela, parecida a mi abuelo, Santiago. Todos tenemos un algo adentro. No es que, viste, obviamente lo sos.
– ¿Sos bravo para negociar?
Soy el negociador. Y negocié con bandas grandes. Recién ahí te contaba lo de una banda que quería que fuera un día martes. Le dije: “No, un domingo”. Y bueno, en ese momento yo no tenía tantas bandas hechas. Trataba de pelear porque me parece que eso también te hace como un tipo importante, una persona importante en la mesa.
– Es bravo el ambiente. Hay que ser bravo, hay que ser perro de casa.
Hay cosas que hay que negociarlas porque ellos están acostumbrados. Hoy por hoy hacemos bandas grandes, con caprichos y cosas, y bueno, hay que negociar ciertas condiciones. Hay determinadas cuestiones que se pueden hablar.
– Pero vos has traído de todo. Nacional e internacional.
Sí, por suerte. Trajimos bandas que nunca habían venido. Eso fue un orgullo muy importante para mí como productor tan joven, porque no llegamos ni a tres años de hacer producción y ya tenemos más de treinta y cinco shows.
Están Calamaro, No Te Va Gustar, La Vela Puerca, Babasónicos y todas con venta de tickets. Ninguna con ayuda ni auspicio ni nada. Todo a pulmón y a poner el pecho.
– Lidiar con bandas de ese nivel debe ser complicado. ¿Son fáciles de tratar?
No, no es fácil. Una vez que vos te hacés, digamos, como esa buena publicidad como productor local, sabiendo que hay un tipo que hace las cosas bien, que cumple, que paga, que lo que firmó y lo que dijo se hace, cuando vienen se dan cuenta.
Entonces todo eso les debe pasar a cualquier tipo que tiene un negocio y te comentan: “Este es un buen cliente”. Entonces, bueno, es más o menos lo mismo.
– ¿Alguno te salió con alguna locura que te pidiera para venir? No te digo una locura extrema.
Bueno, los artistas muy grosos, como Calamaro y Babasónicos, pidieron cosas mucho más complicadas que otros. Cosas que no había en la provincia. Aviones privados, por ejemplo. Cosas que se manejan a ese nivel. Y es eso o no se hace el show.
– Pero nadie te salió con “quiero naranjas moradas”.
En uno de los catering de Babasónicos nos pidieron un mezcal que tuvimos que traer de Chile, que no había acá en la Argentina, y cosas así. Después ni lo toman. Pero bueno, está dentro del catering que te piden.
– ¿Eso tiene un nombre?
Sí. Es lo que se llama hospitalidad. Es lo que marcan los camarines y el catering dentro del camarín. Hay ciertas cosas que por ahí las discutís y les mandás un correo bajando alguna exigencia, y hay cosas que no se negocian.
– ¿Y qué pasa con esas cosas cuando finalmente llegan?
No, tiene que estar. Me acuerdo que ese mezcal salía doscientos dólares. Dije: “La puta madre, gastar doscientos dólares y después que no esté ahí entero”. Lo terminamos tomando nosotros después.
– O sea, era para tenerlo ahí.
Tiene que estar.
– Y tienen que entrar al camarín y tiene que estar todo acomodado de la forma que las bandas te piden.
Sí, sobre todo con esas bandas. Pero bueno, por ejemplo, me pasa con bandas que para mí son muy importantes, como Babasónicos, y también con bandas uruguayas como Cuarteto de Nos, que para mí era una cosa imposible. Bueno, lo terminamos consiguiendo y se fueron muy felices. Y son súper simples.
– También parece que evolucionó bastante la figura del rockstar. Antes estaba la camada de Charly y todo eso, con excesos y personas problemáticas que también vendían esa imagen. Hoy los músicos están con el matecito, te dan un concierto, te llenan un estadio y no se les caen los anillos.
Sí. Lo bueno que nos pasó a nosotros siempre, en todos los eventos y todos los shows que hicimos, es que está todo bien en todo sentido.
Cuando vienen a hacer la prueba de sonido ya hay otra predisposición hacia nosotros y hacia cualquier cosa que pase después en el camarín. Entonces eso se vive con otra energía.
Por lo menos no vivimos con problemas. Tuvimos alguna situación un poquito más complicada con la gente de Don Osvaldo, que no quería que hubiera nadie en el pueblo de sonido, que no se acercara nadie. Pero bueno, ellos vienen de Cromañón, con toda esa carga emocional y todo lo que pasó. Me parece que pasa más por ese lado que por querer hacerse los rockstars.
– ¿Y qué pasa cuando te encontrás con músicos que admirás?
Ponele que sí, un artista de ese nivel puede tomarse ciertas licencias. Pero lo demás, todo bien. Al contrario. Hemos compartido asados, que me costó un poco, pero logramos hacer. Y para mí, tener a Germán al lado, escuchándolo y hablando, es algo increíble porque es uno de mis ídolos.
Ellos me preguntan a mí cómo eran los músicos. Hablamos mucho de eso y ellos mismos criticaban algunas actitudes. Hablaban, por ejemplo, de Divididos, de cómo Mollo podía parecer muy estrella, y después hablaban de Fito Páez y de esas situaciones que se dan en los festivales, cuando parece que hay que agachar la cabeza cada vez que pasa un músico importante.
– Como si hubiera que decir “no lo miren”.
Claro. Se reían de eso. Nos reíamos de esas cosas.
– ¿Y llegaste a estar cerca de traer a Fito Páez?
Sí. Yo estuve a punto de traer a Fito Páez, justo antes de que lo agarrara Grinbank.
Cuando empezamos a hacer cosas y yo empecé a producir bandas de primera línea, mandaba correos a todos lados. En ese momento Fito Páez no estaba con Daniel Grinbank y estuvimos ahí de traerlo. Después lo agarró, firmó Grinbank y ya fue.
– ¿Qué significa que lo agarre Grinbank?
Grinbank es el número uno de Latinoamérica. Imaginate que hace cosas de nivel mundial. Es un tipo muy groso. Entonces, ¿qué significa que lo iba a agarrar él para hacer algo importante? Claro, y fue así. Salió con la gira de treinta años de El amor después del amor, haciendo solo estadios.
– Volviendo al tema empresarial, ¿cómo manejás esa dualidad? Por un lado tenés la empresa, los bancos y los negocios; por otro, la noche y los espectáculos.
Estoy idiota a la mañana, pagando deudas y viendo cómo llevar un negocio adelante.
– Y después te tenés que meter en la noche, que tiene su propio mundo.
Pasa que tengo mucha experiencia y muchos años haciendo de todo. Empecé desde muy chico poniendo música, lidiando, con quince años, con un tipo que tenía que hacer el cumpleaños de quince de la hija. Tengo esa capacidad de manejarme con facilidad con la noche.
Yo sé lo que es el trabajo en la noche, cómo se respeta, y se lo enseñé a mis hijos. Uno de ellos sigue mis pasos, digamos. Entonces yo sé lo que es el trabajo.
Separo lo que es el trabajo de lo que es la diversión. La tengo muy clara y siempre la tuve clara.
– Pero más allá de eso, la noche suele ser impredecible. Uno tiene un plan y, cuando se ejecuta, suele pasar todo lo contrario.
Por suerte no me pasó tanto. Cosas así, nada más. En esa época no teníamos generador: que se corte la luz y no saber cómo lidiar con eso. Pero después vas aprendiendo, formándote y preparándote para que no te pase.
– Entonces vas gestionando todo.
Totalmente. Por ejemplo, cuando fue lo de Babasónicos, seguía vendiendo como tres mil y pico de entradas y me decían: “Che, ¿pero están ustedes?”. Porque no éramos nadie, ¿me entendés? Era la primera vez que hacíamos un evento de primera línea.
Y les digo: “Mirá, si yo manejé eventos de diez mil personas, tranquilos. Para mí, tres mil es fácil de manejar”. En ese sentido, como que les das tranquilidad. Y tengo mucha experiencia en el rubro de la noche por todos lados.
– ¿Cómo era la escena del rock hace veinte o treinta años?
En los ochenta, por ejemplo, yo siempre… Ahora me están haciendo una biografía a mí de la historia y el otro día encontré un álbum con los autógrafos de Fito Páez, Charly García y otros músicos.
O sea que ya había movimiento. Vinieron en los ochenta, alrededor de 1984 o 1985, a presentar Piano bar de Charly García, cuando Fito Páez tocaba con él. Ya había una movida y siempre hubo alguien medio loco dispuesto a hacer ciertas cosas.
– ¿Y en los noventa qué pasó?
Para mí, en los noventa pasó que se puso muy de moda la música electrónica, que era algo nuevo. Entonces el rock perdió un poco de fuerza, incluso a nivel nacional. Se empezaron las discotecas, empezó la noche, apareció otro tipo de drogas y demás, y creo que el rock, por lo menos en Argentina y en el mundo, perdió un poco de importancia.
Después volvió a resurgir a finales de los noventa y en los 2000, cuando la gente se amigó con la música electrónica o entendió que era parte del menú que había para consumir.
– Ahora que llevás unos años fuertes en la producción, ¿cómo fue ese crecimiento?
Desde 2023, digamos, empecé a pisar fuerte. En 2021, saliendo de la pandemia, hicimos bandas tributo de Córdoba y cosas chicas. En 2022 me animé un poquito más: vino Miguel Mateos, hicimos Virus y otras cosas de los ochenta que no exigían tanto como una banda como Los Tipitos, Babasónicos, Las Pastillas del Abuelo o Guasones, que fue el año siguiente.
Como que en 2023 empecé, en julio, a pisar fuerte.
– ¿Hacés un sondeo para saber qué puede funcionar o traés lo que te gusta?
No, en ese sentido es parte de mi locura. Al principio solo quería traer bandas que me gustaban a mí y demás. Después me di cuenta de que las que no me gustaban eran las que funcionaban.
Entonces vas aprendiendo con el tiempo que no se trata solo de lo que te gusta a vos. Muchas veces es al contrario.
– ¿Y ahora qué tenés planeado?
Fuimos abriendo también el rubro, porque empezamos a hacer cosas de teatro. Ahora tenemos a Gordillo, que lo veníamos pidiendo hacía un montón de tiempo, y el año pasado hicimos a Capusotto también en teatro.
Ahora hacemos a Paz Martínez, hicimos K-Pop. Es como que ya ven tu Instagram, ven lo que hiciste y te hablan de todo para que hagas de todo. Ya te ven como un productor mucho más amplio, no solo de rock.
Saben que trabajás bien, que hacés las cosas bien, que sos serio, que tenés un montón de cosas hechas. Entonces ya te convocan.
– ¿Y qué viene ahora? ¿Cómo es la proyección hasta diciembre?
Lo que tenemos ahora es Paz Martínez, No Te Va Gustar y el Oficial Gordillo. En septiembre tenemos La Beriso en La Rioja y Catamarca, y Turf en La Rioja y Catamarca.
Estamos empezando también a producir en Catamarca. El año pasado nos fue bien y la idea es seguir haciendo cosas ahí.
– ¿Y qué te dejó esa experiencia?
Me parece que Catamarca está mejor armado en ciertas cosas. La gente está más acostumbrada a comprar las entradas más rápido. Acá cuesta un montón y los productores no lo entienden.
En otras provincias pasa diferente. En Catamarca pasa eso y está bueno porque te da una visión de lo que va a ser el evento. Si arranca bien, vos sabés que va a arrancar bien.
– ¿Y qué te enoja?
Y bueno… hay cosas que me enojan, pero trato de que no me saquen de eje. Después de tantos años aprendés que en la producción tenés que resolver problemas todo el tiempo. Lo importante es que el espectáculo salga bien y que la gente se vaya contenta.








