Claribel Medina: “La constancia es lo que te da esa alegría y esa renovación en el trabajo”

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La actriz atraviesa el país junto a Pablo Alarcón con Es complicado, una comedia sobre el amor, el desamor y el perdón. El reencuentro de dos artistas que compartieron una historia de vida se convirtió también en una oportunidad para hablar de los vínculos, de la permanencia del teatro y de un oficio que, para Claribel, exige no quedarse quieto nunca.

El origen de Es complicado tiene algo de inesperado y, al mismo tiempo, de profundamente personal. Claribel Medina y Pablo Alarcón no fueron convocados para protagonizar juntos una obra: fueron ellos quienes decidieron buscar un proyecto que les permitiera volver a compartir escenario después de muchos años. De esa conversación inicial nació una comedia sobre las parejas, los desencuentros, los rencores, el deseo de perdonar y esa zona en la que el amor puede sobrevivir incluso cuando parece que todo está perdido.

Actriz de una extensa trayectoria en televisión, teatro y música, Claribel Medina construyó a lo largo de los años una carrera atravesada por personajes populares, distintos géneros y una permanente búsqueda artística. Su recorrido incluye trabajos que quedaron en la memoria del público y también una fuerte relación con el teatro, un espacio que sigue defendiendo y transitando con la misma curiosidad de sus comienzos.

Ahora, junto a Pablo Alarcón, recorre distintos escenarios del país con Es complicado, dirigida por Ernesto Medela y producida por Damián Sequeira. Después de una temporada en Carlos Paz que le valió el premio a Mejor Actriz, la gira se convirtió además en una manera de reencontrarse con públicos y salas de todo el país. Para Medina, cada escenario nuevo es una experiencia y cada función, un ritual.

En una charla exclusiva con RANDOM, Claribel habla sobre el origen de este reencuentro, la intimidad de trabajar nuevamente con quien compartió una historia de vida, el valor del perdón, la situación de los espacios culturales y aquello que aprendió después de tantos años de profesión. También habla de la constancia, de la necesidad de seguir creando y de ese proyecto que todavía guarda en una libreta, esperando el momento de dejar de ser una idea para convertirse en realidad.

Volver a encontrarse

¿Qué fue lo primero que te atrajo de esta historia, de este personaje y de la posibilidad de volver a trabajar con Pablo?

La historia nace, en realidad, del deseo de trabajar juntos. Nadie nos convocó para hacer esta obra, nadie nos convocó para trabajar juntos. Nosotros estábamos conversando por teléfono y en esa conversación, hace un año y medio, nació el deseo de trabajar juntos y lo tiramos al aire: “¿Qué te parece si encontramos una obra para trabajar juntos?”. Y empezamos a buscar.

En ese proceso yo estaba haciendo Tom, Dick & Harry en Mar del Plata y él estaba acá, en Buenos Aires, con otros trabajos, y nos íbamos hablando. Hasta que nos sentamos y dijimos: “¿Qué entonces sería?”. Y a mí se me ocurrió pensar qué le gustaría ver al público de nosotros dos después de tantos años de no trabajar juntos y de una historia de matrimonio que tuvimos, con dos hijas y todo lo demás. ¿Qué le gustaría ver al público?

Yo dije: “Creo que el público quiere ver una cosa romántica”. El público es virgen de lo que vamos a hacer. Y, de esas casualidades de la vida, apareció Damián Sequeira. A partir de ahí arrancamos de cero con un texto que, cuando nos juntamos con Ernesto Medela, vimos que tenía que ver con una historia de amor y de desamor, con personas que se eligieron y que tenían que hablar del perdón.

Entonces renovamos el texto y hablamos de una historia de amor que pudiera ser común a todo el mundo: ese deseo de amarse y después la vida te sorprende, te pone en jaque mate, te enfrenta a los enojos o a una cotidianidad que lastima a la pareja. Aparecen los desconciertos sobre hacia dónde va la vida y la pareja empieza a sufrir los avatares que la vida trae y también los obstáculos que uno mismo pone dentro de la pareja.

Así nace Es complicado: una pareja que parece que va hacia un divorcio, que parece que no se ama pero se sigue queriendo, que tiene dificultades para comunicarse pero apuesta la vida.

¿Qué descubrís en la reacción del público? ¿Sentís que la obra les deja algo más allá de la risa?

Ojalá fuera así. Yo no lo sé, no tengo la verdad y no me atrevo a asegurar nada porque uno no sabe cómo es la vida de cada persona y cómo es el tránsito de sus dolores y sus alegrías. Sí, sueño con que así sea. Creo que alguna pregunta te dejan en el bolsillo para llevar a casa, alguna pregunta te dejan en la cartera para llevar a casa, algo te queda rondando y mucha risa te llevás en el alma.

La risa es absolutamente sanadora. La carcajada es sanadora médicamente, es así. El compartir de manera grupal es sanador, la energía de alegría que te rodea, de mucha gente contenta disfrutando de algo, definitivamente mueve las endorfinas y te pone positivo en la vida. Entonces esa misión que nosotros tenemos a través del arte es fantástica.

El arte siempre es sanador. Esta obra en particular, yo no sé si es sanadora; me encantaría que así lo sea. Lo que siento es que te deja una pregunta en el alma para llegar a tu casa y decir: “A ver cómo estaba yo, este hombre que tengo al lado o esta mujer que tengo al lado”. O pensar en alguien con quien estás enojado y decir: “Qué pérdida de tiempo estar enojado con fulano o con fulana”.

«…No quedarse sentado esperando que aparezcan las cosas, sino salir a buscarlas y construirlas. Porque eso también forma parte de este oficio: seguir imaginando qué puede venir después…»

La gira las lleva por teatros y localidades muy diferentes. ¿Qué significa para vos encontrarte con esas salas, especialmente cuando son espacios que vuelven a abrir sus puertas o que se sostienen con mucho esfuerzo?

Hacer giras es una bendición. He recorrido con esta obra 70.000 kilómetros de localidades, provincias y teatros. Muchos ya los conocía y muchísimos otros no. Y cuando no los conocés, es como un teatro nuevo que traés a tu alma. Eso es precioso.

Hace poco estuvimos en un teatro construido en un barrio, adaptado en un galpón, una casa, para 140 personas. Era hermoso descubrir un teatro nuevo con gente que hace teatro, con gente que ama hacer teatro. Llegás a ese lugar, les ofrecés lo que vos sabés hacer y, además, está el público y la sala está llena. Eso es precioso, no hay con qué darle.

También estuvimos en Santa Clara del Mar, en el Teatro Leonardo Favio, un teatro que estuvo cerrado años. A mí me daba una enorme tristeza porque decía: “Qué lástima que el teatro esté cerrado”. Y finalmente fuimos con esta obra y un grupo de gente se ocupó de abrirlo voluntariamente. Cuando vos decís “qué suerte que otra vez hay una sala abierta”, que no se cayó, que la gente está contenta y que la llena, eso es fenomenal. Por eso hacer una gira es lindo y muy satisfactorio, para el público y para nosotros.

El ritual de actuar

Con tantas funciones encima, ¿cómo te preparás antes de salir al escenario? ¿Seguís teniendo algún ritual?

Todas las funciones son importantes. No importa cuántas veces uno haya hecho la obra. Imaginate, en este caso de Brujas, que duró 22 años. Las obras son un ritual en sí mismo. Los escenarios son un templo y para nosotros es muy importante todo el marco que lo rodea. Hay una suerte de inventarse una fantasía detrás de este concepto del arte y de un espectáculo, porque la realidad no sería lo más lindo para la gente. Corremos como locos, entramos a lugares impensados y puede haber de todo.

Entonces nosotros entramos con una suerte de fantasía. Hay teatros que están en muy buen estado y es hermoso, otros que están en formación y otros que, con las dificultades económicas que el país está viviendo y con todos los cortes a la cultura que hay, hacen bastante difícil que la gente pueda sostener su teatro. Sobre todo los teatros independientes y ni hablar los municipales.

Eso hace que uno tenga una suerte de compromiso mayor con cada lugar y con la obra que uno está haciendo. El respeto por ese espacio nace de los que subimos arriba del escenario y así tenemos que extenderlo al que viene o al que está cerca nuestro.

¿Sentís que actuar y sostener esos espacios también es una manera de defender la cultura?

La gente de cada localidad es la que te sorprende, porque lo fascinante es que la cultura se sostiene porque la gente hace que la cultura se sostenga. Por eso nunca la vamos a poder acostar.

El artista nace. Un día nace un niño que le encanta tocar la batería, el clarinete o el violín. Un día nace una niña que escribe poemas, escribe una canción, rompe esquemas. Un día nace una persona que imita, otro ser humano que ama subir al escenario y contar historias. No hay manera de acortarla porque eso ni la inteligencia artificial ni nadie va a poder responder a una cosa que es producto del ser humano y de su alma y de su crecimiento personal.

Entonces, en cada localidad encontrás gente que lucha por ese espacio, que lucha por eso. Y los que llegamos también tenemos la obligación de exigir que ese respeto se mantenga. Es un trabajo adicional que tenemos que hacer para que se mantenga el respeto por el arte, por la palabra, por la literatura, por la gestualidad, por el cuerpo, por la manifestación de la danza. Todo eso es lo que hace único nuestro trabajo. Por eso cada función es mágica y cada función es un ritual.

«…La risa es absolutamente sanadora. La carcajada es sanadora médicamente, es así. El compartir de manera grupal es sanador, la energía de alegría que te rodea, de mucha gente contenta disfrutando de algo, definitivamente mueve las endorfinas y te pone positivo en la vida. ..»

Una carrera que sigue en movimiento

La temporada en Carlos Paz también te dejó el premio a Mejor Actriz. ¿Qué significa recibir ese reconocimiento después de tantos años de carrera?

Es una caricia al alma, es una fiesta. Siempre los premios son una fiesta para nosotros. Es la excusa para encontrarnos, comer y charlar entre nosotros; encontrarte con compañeros con quienes trabajaste y por ahí hace diez años que no ves y volver a encontrarlos en una fiesta.

El premio es una caricia hermosa al trabajo, a lo que sucede arriba del escenario. Y la verdad que sí, uno lo recontra agradece. Cuando lo perdés, te relajás un poco y decís: “Sí, se lo llevó fulano o se lo llevó fulana, perfecto, se lo merece”. Porque también es así: el país está lleno de talento y yo voy a ver mucho teatro, muchísimo teatro, en cada espacio que tengo.

Hoy en la Argentina hay grandes espectáculos teatrales y una muestra impresionante de talento desde todo punto de vista, de todo estilo. Así que cuando uno compite por un premio sabe que está rodeado de compañeros alucinantes también. Cuando el público te lo da, o la prensa te lo da, es una caricia y es para festejar. Es una alegría enorme.

Después de tantos años en el oficio, ¿qué aprendiste sobre la exposición, el éxito, los fracasos y la necesidad de reinventarte?

La constancia, Franco, la constancia. La realidad, el no quedarte atrás, el tratar de ayudarte, pero no modernizarte con lo que sucede, porque no pasa por ahí. No pasa por estar todo el tiempo pendiente de las redes o investigando las redes. Sí, por supuesto que hay que estudiar, hay que hacer cosas, hay que usar las redes a favor de uno, pero también está el no quedarte sentado y buscar, crear desde tu cabeza, proyectar cosas nuevas y, si no te las ofrecen, buscarlas.

La constancia es lo que te da esa alegría y esa renovación en el trabajo todo el tiempo. Yo, si hubiese esperado que alguien me convocara para cantar, no hubiera cantado nunca. Yo me armo mis propios espectáculos y tengo mis propias bandas, y me rodeo de músicos maravillosos que aman la música. Eso me llena el alma.

Entonces digo: “Bueno, vamos por un nuevo espectáculo”. Me siento, lo escribo, busco, investigo, cierro los ojos y sueño. Y lo mismo con la actuación. Cierro los ojos y sueño, estoy caminando por una calle y observo a la gente, a ver qué me sirve para un personaje, o escucho historias y las voy grabando en mi cerebro a ver qué puedo hacer con ese material. Eso es el trabajo: no dormirse.

En esa manera de mirar la vida aparece también una mezcla muy tuya entre alegría y melancolía. ¿Cómo convivís con esas dos partes?

Yo tengo un tango tremendo adentro del alma, muchacho, no te equivoques. Tengo un bolerazo enorme adentro del alma. Pero conservo la alegría. Así como uso el tango, tengo la salsa y uso las maracas, y uso el bandoneón todo el tiempo. Porque también esas son las emociones del ser humano.

Yo soy optimista en la vida, pero conozco muy bien dónde están esos lugares de mi corazón que manejan el bandoneón como loco. Entonces lo trato de controlar y digo: “Bueno, venga bandoneón ahora, pero después espere que salga la maraca”.

«…El artista nace. Un día nace un niño que le encanta tocar la batería, el clarinete o el violín. Un día nace una niña que escribe poemas, escribe una canción, rompe esquemas. Un día nace una persona que imita, otro ser humano que ama subir al escenario y contar historias…»

Lo que todavía falta

Después de una trayectoria tan extensa, ¿hay algún personaje, género o proyecto que todavía sientas que tenés pendiente?

Sí. Tengo un proyecto pendiente, pero no te lo voy a contar porque todavía lo estoy inventando.

Mientras están en proceso creativo, quedan ahí en la libreta hasta que yo termine de soñar con él y vea cómo sale. Y las ideas son eso: las ideas uno las tiene ahí, las conserva, están en una cajita. Le vas tirando sal, le tirás un poco de azúcar, un poquito de laurel todos los días, hasta que nace la idea como vos la querés y arrancás de vuelta.

Después de tantos escenarios y tantos personajes, ¿qué objetivos te planteás para esta nueva etapa de tu carrera? ¿Qué te gustaría que venga después de Es complicado?

Seguir creando. Seguir buscando. Seguir soñando. No quedarse sentado esperando que aparezcan las cosas, sino salir a buscarlas y construirlas. Porque eso también forma parte de este oficio: seguir imaginando qué puede venir después.