Gracias, Leo: el Grán Capitán se despidió de la Selección

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Empezó con una expulsión que duró 47 segundos y terminó con una carta escrita a mano, publicada en Instagram más de dos décadas después. Entre una cosa y la otra hubo seis Mundiales, cinco finales de Copa América, una generación que aprendió a verlo perder antes de verlo ganar y, finalmente, una Copa del Mundo levantada en Qatar. El lunes 31 de agosto de 2026, Lionel Messi anunció que dejaba la Selección argentina. No hubo conferencia, despedida multitudinaria ni discurso preparado. Solo tres hojas escritas de puño y letra y una frase que, para millones de argentinos, sonó como el final de una época: “Me retiro de la Selección”.

En Budapest, allá por 2005 un chico de 18 años ingresó por primera vez con la camiseta de la Selección mayor. Llevaba la número 18 y apenas tuvo tiempo de tocar la pelota antes de que una disputa con un defensor húngaro terminara en expulsión. Lionel Andrés Messi había esperado durante años ese momento y su debut duró menos de un minuto.

Parecía una anécdota desafortunada. Nadie podía imaginar que aquel adolescente terminaría disputando 207 partidos y convirtiendo 125 goles con la camiseta argentina, convirtiéndose en el futbolista con más presencias y en el máximo goleador histórico de la Selección. Tampoco que tendría que atravesar algunos de los momentos más dolorosos de su carrera para finalmente construir una relación distinta con un país que durante mucho tiempo le exigió más de lo que parecía posible.

El dolor antes de la gloria

La historia de Messi con Argentina no comenzó con Qatar. Durante años fue exactamente lo contrario. Entre 2014 y 2016, perdió tres finales consecutivas: el Mundial de Brasil frente a Alemania, la Copa América de Chile ante el mismo rival en la definición por penales y la Copa América Centenario contra Chile. En aquella última final, Messi falló su penal y, todavía con las lágrimas en el rostro, anunció que se retiraba de la Selección.

Fue una de las imágenes más dolorosas de su carrera. También fue el comienzo de algo que terminaría siendo mucho más importante: Messi volvió.

A partir de entonces comenzó otra historia. En 2021 llegó la Copa América en el Maracaná, precisamente en el estadio donde había sufrido una de sus derrotas más duras. Un año después levantó la Finalissima en Wembley y, en diciembre de 2022, llegó la noche que parecía destinada a corregir todas las anteriores. Argentina venció a Francia en Qatar y Messi levantó la Copa del Mundo después de 36 años de espera.

Después llegó otra Copa América, en 2024. Y cuando parecía que ya no quedaba nada por ganar, Messi volvió a jugar un Mundial con 39 años.

La última batalla

El Mundial de 2026 terminó de una manera que nadie hubiera elegido para su despedida. Argentina llegó nuevamente a la final, pero cayó 1-0 ante España el 19 de julio, en el estadio de New York New Jersey. El gol de Ferran Torres llegó en el minuto 106 y dejó a Messi a un partido de cerrar su carrera internacional con otro título.

Sin embargo, para entonces la historia ya estaba escrita. Messi había disputado su sexto Mundial, había marcado ocho goles en el torneo y había llevado a Argentina nuevamente hasta la final. La derrota podía quitarle una copa, pero ya no podía quitarle nada de lo que había construido durante esos años.

Dos días después de aquella final, el 21 de julio, Messi escribió la carta en la que decidió despedirse. Pero no la publicó inmediatamente. La guardó durante más de un mes, mientras atravesaba además uno de los golpes personales más duros de su vida: el 8 de agosto murió su padre, Jorge Messi, su representante y una figura fundamental en toda su carrera.

Cuando finalmente publicó la carta, explicó que aquella decisión ya estaba tomada, pero que después de la muerte de su padre se sentía todavía más convencido.

“Me vacié”

La frase más fuerte de la carta probablemente sea también la más sencilla: “Me vacié, ya no tengo más para dar”. Messi explicó que había dado todo por esa camiseta, no solamente durante los años de títulos, sino también durante la época en la que las derrotas parecían ser la única respuesta.

“Fue una decisión que dolió y duele en el alma, pero entiendo que es el momento”, escribió. También dejó claro que detrás de la decisión había una cuestión deportiva y generacional: había nuevos jugadores que merecían ocupar ese lugar.

La elección de escribirlo a mano también dice algo de él. Después de veinte años de cámaras, conferencias, entrevistas y redes sociales, Messi eligió despedirse con su propia letra. No necesitó un escenario. No necesitó que nadie hablara por él.

El 10 que durante años tuvo que demostrar que quería ser argentino

Hay algo particularmente injusto en la historia de Messi con la Selección: durante buena parte de su carrera tuvo que demostrar que quería jugar para Argentina.

Que no cantaba el himno. Que se había ido demasiado joven. Que Barcelona era su verdadera casa. Que no sentía la camiseta. Que no era como Maradona. Que no aparecía en los partidos importantes. Cada derrota abría nuevamente la discusión.

Messi casi nunca respondió.

Respondió presentándose. Volvió después de perder tres finales. Volvió después de anunciar su primer retiro. Volvió cuando buena parte del país ya estaba cansada de esperar. Y siguió volviendo hasta que consiguió aquello que durante tantos años parecía imposible.

Por eso la discusión sobre cuánto quería a la Selección terminó perdiendo sentido. No hacía falta que lo explicara. Había 207 partidos para contestar esa pregunta.

JOHANNESBURG, SOUTH AFRICA – JUNE 27: Diego Maradona head coach of Argentina gestures to Lionel Messi of Argentina during to the 2010 FIFA World Cup South Africa Round of Sixteen match between Argentina and Mexico at Soccer City Stadium on June 27, 2010 in Johannesburg, South Africa. (Photo by Richard Heathcote/Getty Images)

Ahora será uno más

“Voy a extrañar mucho escucharlos desde adentro. Ahora voy a ser uno más de ustedes”, escribió Messi al final de su despedida.

Es probablemente la imagen más extraña de todas. Durante más de veinte años, Messi fue el que estaba adentro mientras nosotros mirábamos desde afuera. Fue el chico al que le pedíamos que resolviera los partidos, el capitán al que le exigíamos la copa, el número 10 que cargó con comparaciones imposibles y con una expectativa que probablemente ningún futbolista debería soportar.

Ahora dice que será uno más.

Quizás ese sea el verdadero cierre de su historia con la Selección. No el número de goles, ni las copas, ni los récords, sino la posibilidad de sentarse finalmente en la tribuna como cualquier otro argentino y mirar a los que vienen.

Entre ellos estarán muchos chicos que crecieron viéndolo jugar y que probablemente nunca comprendan del todo lo extraño que fue vivir una época en la que el mejor futbolista del mundo también era el 10 de Argentina.

Soccer Football – FIFA World Cup 2026 – Semi Final – England v Argentina – Atlanta Stadium, Atlanta, Georgia, U.S. – July 15, 2026 Argentina’s Lionel Messi celebrates after the match as Argentina qualify for the World Cup final REUTERS/Lee Smith

Messi se va de la Selección como campeón del mundo, bicampeón de América, ganador de la Finalissima, máximo goleador y jugador con más partidos en la historia de la Albiceleste. Pero sobre todo se va después de haber conseguido algo que durante mucho tiempo pareció imposible: que Argentina dejara de preguntarse si Messi estaba a la altura de su camiseta y empezara a preguntarse cómo será jugar sin él.

Y al final de aquella carta, después de agradecer a sus compañeros, a su familia y a quienes lo acompañaron durante tantos años, dejó una frase que parece escrita para cerrar no solamente una carrera, sino una discusión que duró demasiado:

“Gracias Dios por hacerme argentino. ¡Vamos Argentina!”

Esta vez no hay nada que discutir.

Gracias, Leo.