La reciente gira de Lionel Messi por India, conocida como GOAT India Tour 2025, ha dejado una impresión profunda que va más allá de simples eventos deportivos. Más allá de la polémica por el caos en Kolkata, donde miles de aficionados que pagaron hasta más de 100 dólares por ver a la leyenda argentina se sintieron decepcionados por una aparición extremadamente breve y mal gestionada, lo que ocurrió es un síntoma profundo del fenómeno de fanatismo que rodea a Messi y la Seleccion Argentina en el subcontinente asiático.
El inicio de la gira en Kolkata se volvió noticia global: fans frustrados lamentaron que la estrella solo estuvo en el estadio alrededor de 20 minutos, y muchos reportaron que no pudieron verla bien entre políticos y seguridad que bloqueaban la vista. La confusión y la mala gestión desencadenaron protestas, lanzamiento de objetos y vandalismo dentro del estadio, y la detención del organizador principal del evento.
Sin embargo, esa escena tan comentada no hace sino subrayar la enorme magnitud de la admiración que Messi despierta. En otras paradas de la gira —como Hyderabad, Mumbai y especialmente Delhi— miles de fanáticos se congregaron con camisetas, banderas argentinas y cánticos, dejando claro que el cariño por Messi está lejos de limitarse a los países tradicionalmente futboleros.

¿Por qué Messi es tan admirado en India, Pakistán y Bangladesh?
Aunque estos países no son potencias futbolísticas al nivel de Europa o Sudamérica, el fenómeno Messi tiene raíces profundas allí. Para comprender el fanatismo por Argentina hay que volver a los años 80 y 90, cuando el fútbol internacional llegaba a estos países principalmente a través de la televisión. En ese contexto, Diego Armando Maradona irrumpió como una figura imposible de ignorar.
En sociedades atravesadas por desigualdades, luchas sociales y una fuerte conciencia de clase, Maradona fue leído como un símbolo de resistencia y dignidad. El Gol del Siglo y la Mano de Dios, especialmente frente a Inglaterra, no solo se interpretaron como hechos deportivos, sino como gestos políticos y culturales en paises que fueron colonias británicas.
En Bangladesh, por ejemplo, el fanatismo por Argentina comenzó en México 86 y se transmitió de generación en generación. En India y Pakistán, donde el fútbol convive a la sombra del críquet, Maradona fue durante años la puerta de entrada al amor por la camiseta albiceleste.

El fenómeno global de Messi como ícono deportivo
Esto explica el famoso apoyo de estos países a Argentina en el Mundial de Qatar 2022. Las imágenes de calles de Dhaka, Calcuta o Karachi pintadas de celeste y blanco, con banderas argentinas ondeando como si se tratara de una selección local, recorrieron el planeta. Multitudes celebrando goles de Argentina a miles de kilómetros de Buenos Aires mostraron que el fanatismo había alcanzado una dimensión inédita.
Qatar no solo coronó a Messi campeón del mundo: Lo transformó definitivamente en mito, cerró el círculo iniciado por Maradona y consolidó a Argentina como la selección más querida del sur de Asia. Messi encarna valores que conectan profundamente con esas sociedades: humildad, constancia, sacrificio, talento silencioso y una épica construida desde la perseverancia. Para millones de fanáticos asiáticos, Messi no es solo un crack: es la prueba de que la grandeza puede ser paciente y humana.

La visita a la India: devoción sin intermediarios
En ese contexto debe leerse la reciente visita de Messi a la India. El caos, la frustración y la tensión vividas en Kolkata no fueron producto del rechazo, sino exactamente de lo contrario: una expectativa descomunal, casi religiosa.
Muchos asistentes no fueron a ver a un deportista, sino a tener un instante con un símbolo que forma parte de su vida emocional. Para muchos, Messi es el rostro de los mundiales vistos en familia, de las madrugadas de festejo en 2022, de una identidad futbolera elegida con el corazón.
La mala organización del evento chocó contra una pasión que no entiende de protocolos ni tiempos oficiales. Cuando la figura mítica aparece solo unos minutos, la decepción se vuelve colectiva.







