Vince Guilligan lo hace otra vez y Pluribus te interpela

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En el mundo del entretenimiento hay directores y productoras que sacan capítulos y temporadas enteras cual comida chatarra mecanizada, es decir, aplican la fórmula –hay plataformas que exageran sus métodos– unificando un modo de ver, un estilo, una “Burger” parecida que degustarán en todo el mundo. Y en otro lado está el gran Gilligan: alguien que puede convertir cada episodio en algo único, en cine. El tipo hace que te arrepientas de no haber visto todo eso en la pantalla grande, para luego salir a comentar las mejores escenas mientras te comés una pizza y le decís a tu compañía: ¿a vos qué te parece lo que quiso decir?

Gilligan utiliza con maestría todos los mejores recursos del celuloide, es como que toma prestado a lo mejor de cada rubro: la música, los planos, la mayor o menor economía de recursos y, como el tipo encima escribe, los diálogos parecen ser sacados del mejor cuentista de la literatura. Toda una maquinaria aceitada como el mejor reloj suizo que siempre, en sus creaciones –por citar Breaking Bad o Better Call Saul, que estarán siempre en el top de las mejores de todos los tiempos–, termina poniéndonos en los zapatos del protagonista. Es imposible tomar distancia y no embarcarse en los conflictos y las emociones de sus creaciones.

En Pluribus –de Apple TV- nos metemos en la vida (ya dije que la empatía es imposible de esquivar) de una autora de sagas de novelas de fantasía llamada Carol Sturka, interpretada a su medida por -una vez más- una sublime Rhea Seehorn, que se convierte de forma repentina en tal vez una de las últimas esperanzas de la humanidad. La sinopsis de la serie destaca que un extraño virus se expande rápidamente por una ciudad como Albuquerque –la Macondo de Gilligan y algunos guiños sutiles– y luego invade el mundo, generando así un estado de ¿felicidad absoluta? en todas las personas que se encuentran infectadas. El propósito principal del virus es eliminar el conflicto, la violencia y el descontento de las personas, mientras que la humanidad se transforma en una colectividad uniforme, 100 % manipulable.

Después de entender –bah es un decir- todo el conflicto en el primer episodio, te darán ganas de verlo de nuevo para estar atento a los detalles. Ocurre lo que uno debería esperar ante una obra de arte: ¡que te llenes el culo de preguntas! Podría pedirles disculpas por la expresión, pero ya Fontanarrosa en la RAE lo hizo por todos. ¿Qué está detrás de todo eso? Y luego, la filosofía que uno le pueda aplicar, desde la barata y zapatos de goma hasta las más profundas que te motivarán a acompañar la serie con un buen malbec. Preguntas y más preguntas, de las más obvias que supondrán una IA detrás; vayan sabiendo que Vince la escribía muchos años atrás, cuando nada de ello había irrumpido.

«…Teorías, elucubraciones y reflexiones, por fin: Pluribus te sienta en el banquillo…»

“Siempre me atrajeron los personajes puestos contra la pared”, dijo Gilligan en declaraciones recientes. “Me interesa ver qué decisiones toman cuando creen que están haciendo lo correcto. Muchas veces, el verdadero peligro no es la maldad, sino la certeza de que uno tiene razón”. Una idea que atraviesa toda su obra y que en Pluribus adquiere una dimensión inquietantemente colectiva.

Hablando de IA, me tiento y le pregunto a ChatGPT qué opina de todo esto: “Tal vez el verdadero horror de Pluribus no sea el virus, sino la tentación de aceptarlo. La sospecha de que una humanidad sin conflicto, sin fricción, sin contradicciones, puede ser más dócil, más eficiente… pero también más vacía. Porque cuando el conflicto desaparece, también lo hace la posibilidad de disentir, de equivocarse, de amar incluso desde la incomodidad. Y ahí la serie deja de ser ciencia ficción para transformarse en un espejo peligrosamente cercano”.

Y en otro lado está el gran Gilligan: alguien que puede convertir cada episodio en algo único, en cine. El tipo hace que te arrepientas de no haber visto todo eso en la pantalla grande

Si bien Pluribus plantea la eficiencia y la alineación total centradas en una idea de felicidad –en parte se parece a ciertas versiones del amor–, ¿no nos habrán hecho con nosotros lo contrario? Digo, con nuestra civilización, a ver, sin irnos tan lejos: como si con nuestro país nos hubieran inyectado un virus cuyo componente más fuerte es el odio. ¿Nos podría manipular a tal punto que votemos, opinemos, accionemos, etc., basándonos en que se joda el otro, básicamente?

Gilligan ha repetido que no busca dar respuestas cerradas: “No quiero decirle al público qué pensar. Quiero que se incomode, que discuta, que se pregunte qué haría en el lugar de estos personajes”. Para él, una historia funciona cuando continúa mucho después de que se apaga la pantalla. Teorías, elucubraciones y reflexiones, por fin: Pluribus te sienta en el banquillo y te tira la pelota a vos para que analices, te cuestiones y por fin hagas algo con ese “fucking” virus. La revolución del por favor, perdón y gracias necesita, de una vez por todas, comenzar en serio.

Disponible en Apple TV