Beto Martínez de los Tabaleros: “nos inventamos un molino de viento y fuimos a taclearlo”

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Los Tabaleros no nacieron para encajar en un casillero: nacieron en el cruce. Entre el punk y el folklore. Entre la capital y Tucumán o entre la peña y el estadio. Entre el vino regalado y el festival ganado a las cinco de la mañana. Durante años fueron “los raros”. Los que mezclaban lo que no se mezclaba. Esos que no pedían permiso o parecían infiltrados en varios géneros como en una película de  Paul Thomas Anderson. Y, al mismo tiempo, profundamente auténticos en cada uno. Hoy, en plena etapa colaborativa -con Los Tekis, Los Nocheros, Ráfaga, Los Caligaris y más nombres que siguen apareciendo- su universo se expande sin perder identidad.

En esta charla con Random, Beto habla de eclecticismo antes de que fuera moda, del desarraigo como motor creativo, de la obsesión por la palabra exacta y de esa épica quijotesca que todavía los empuja hacia adelante. Lo que sigue es una conversación larga, honesta y sin maquillaje. Como ellos.

No hay nada más Random que Los Tabaleros, desde los diversos tonos hasta los géneros musicales que se funden en un obra que no debe encasillarse, que es aleatoria por naturaleza. “Desde muy chicos adoptamos el eclecticismo. Ahora quizás se da más normal pero en los 90 éramos bastante open mind, para primero no filtrar la música de nuestros viejos, que mi generación era muy de decir “música de viejos es una mierda”. Y desde Julio Sosa, Los Fronterizos, Los Chalchareros, Cafrune, Los Fronterizos, un montón de cosas, hasta música clásica que ni a palos me parecía una mierda. Convivía con la escena vernácula, todo lo que ya se escuchaba en mi casa, que si estaba bueno, para qué contradecirlo, contradecía mejor otras cosas”, sostiene.

Te pienso en la época que ibas a ver Los Ramones a Obras, ¿Tu sueño ya era estar en esos escenarios?

Algo quería hacer, pero no sabía qué para ser sincero. Creo que miraba todo eso como un espectador furioso, pero no diciendo que iba a ocupar el lugar de Marky Ramone, por más que me gustara esa energía desbordante. Creo que ese era más el sonido de mi hermano, que él abrazó a la música desde muy chico, y yo estaba más entregado al deporte, pero me di cuenta tempranamente que no iba a ser un Puma ni espuma, ni nada. Y en los 2000 pensar en artes plásticas o en querer ser un director o dedicarte a cualquier otro rubro de las artes era o muy difícil o arriesgarte a ser muy pobre. Tratábamos con mi hermano de ser personas normales mucho tiempo y no se nos dio.

Y tampoco que en el cole pintabas para ingeniero o contador, supongo que no te destacabas alguna de esas materias o posibles carreras…

(Risas) Digamos que las ciencias blandas nos quedaban bien porque teníamos facilidad para discutir cualquier cosa, pero no éramos del lápiz para prestar atención a clases.

Igual rápidamente empezaron a tocar en peñas y creo haberlos cruzado en “La del Colorado” en los 90, ¿Cuándo les empezaron a pagar con vino las actuaciones ya empezaron a creérselas en el buen sentido?

Nosotros siempre nos las creímos, pero no de pedantes, sino de estar constituidos en que no le tenemos que pedir permiso a nadie y así fuimos desde chicos. Pero la Peña del Colorado que vos nombrás fue nuestra secundaria y universidad al mismo tiempo de folklore, aprendimos mucho allí, desde que si querías besar a una chica tenías que convidarla al kiosco porque ahí no iba a pasar, hasta que nos regalaban vino en una época no teníamos una moneda, era ir y tocar lo que hacíamos en nuestra casa. Era una gran experiencia. Me hiciste acordar de que en esa época José todavía estaba en la secundaria e iba al colegio con el labial hecho por la borra de vino, que es un metáfora que usamos en la canción de Los Tekis, y esperábamos a que mi papá a las siete y cuarto salga a laburar para después meternos en la casa.

¿Pensás que el hecho que nunca les haya importado el qué dirán fue la clave de su evolución?

Creo que tuvimos un regalo de la mística del aire, de poder entender que todas las músicas desde algún punto están hermanadas y no comernos lo de las sectas y tribus de los 90. Siempre me parecieron unos pelotudos, porque el punk no puede escuchar rock, si a mí me gustaban los Ramones y Roxette al mismo tiempo y la música de mi viejo me parecía bárbara. El sectarismo lo abandoné muy temprano, pero algo que sí es verdad es que mi mamá es tucumana, que eso más folklórico no puede haber. Mi papá cantaba folklore, entonces nosotros irrumpimos en una escena del folclore, pero al mismo tiempo teníamos una esencia que nos avalaba, no éramos porteños jugando a ser folcloristas. Yo sé del calor del verano de la provincianía, sé de la bombucha, sé de robar en las terrazas, de ir a los videojuegos con una fichita, de ir a tirar con la gomera, ir a pescar. Con mi hermano somos vernáculos de la capital, pero en la carencia y en la ansiedad de mi mamá de volver a su origen, metíamos cuatro meses de provincianía por año.

Contabas una metáfora que eran como los perros, como esos perros de varias razas, no?

Sí, los perros casti, somos más casti que nadie y siempre visitantes. Pero entendiendo, no era sin entender, la aprendida la tuvimos con nuestros primos en los veranos de Tucumán.

Incluso contaste que un verano no pudieron ir a Tucumán porque se quedaron rindiendo para el colegio, y ese desarraigo los motivó a tocar, verdad?

El desarraigo de no ir a nuestros veranos que eran en la montaña de Tucumán, en Tafi del Valle, que es un lugar hipnótico, espectacular, pero al margen de eso era el recuerdo de las vacaciones, de la provincianía y escuchar folklore. Es como cuando escuchás un tango y estás en Europa, o en la loma del orto y se te pianta un lagrimón. Algo que significa las cosas, esa distancia, y creo que ahí caímos en la poesía de Jaime Dávalos, pero de forma más profunda, y empezamos a bucear sobre un folclore más astrológico, más universal, que no solamente trataba de la tranquera, sino del amor y el desamor de una forma súper poética. Quizás más parecida también a ese tango de los 40 que era una locura, y creo que eso nos encaminó “es por acá”. Y también, no sé, nos inventamos un molino de viento y fuimos a taclearlo, sin pescar tanto.

Y sin hacerse tantas preguntas, investigaron mucho, por supuesto, y cada vez se nota más el laburo que hay detrás, pero esto de que la quijotearon, de que fueron cual hidalgo quizás es  es la mejor metáfora

Hay algo en la presencia que es quijotesco, quizás, que es ir detrás de algo que no está garantido ni en el éxito ni en la supervivencia, y en eso quizás está la seducción de hacer esto, de siempre estar en una épica.

Me hiciste acordar de una anécdota que les pasó en el Festival de General Belgrano, de cómo llegaron a tocar y resume un poco el espíritu que tuvieron ustedes en los comienzos…

Y hace poco nos acordábamos y se lo contábamos a uno de los chicos de la banda que  estaba Juanjo Domínguez en el jurado y dijimos “perdimos”. Un borracho le hablaba a José y que nadie sacaba, y el chaqueño que estaba en ese momento con nosotros no sabía hacer fa, entonces tocaba re menor. Así y todo salimos a tocar y nos fuimos y pasaron varias horas donde pensábamos que ya fue pero nos llamaron como a las 5 de la mañana para avisarnos que habíamos ganado el prefestival. Y la verdad que ahí dijimos, wow, de ahí a que se daba la posibilidad de tocar con Los Chalchaleros pero cuando se nos dio el momento se dio un diluvio que se tuvo que suspender. Pero nos permitió después tocar ahí para la gente de ahí (en una estación de trenes), y como se cortó la luz, nos pusieron unas luces de emergencia y fue un momento onírico. Siempre hay alguna cachetada del destino que te hace recordar todo el tiempo. Pero ese es el recuerdo de hoy y siempre del amor a la música, a querer expresarse y dejar algo, decir algo. Y que no vamos detrás de espejitos de colores, vamos detrás de nuestro propio impulso y nuestra voz.

Y ahora te traigo al presente, ¿Cómo los agarra estos lanzamientos con tantos artistas y el formato de presentación tipo show televisivo?

Es el disco muy exigido para la banda, porque es como abrirte a que vengan, como si tuvieras hijos y viene un amigo tuyo con sus hijos y le das el cuarto de tus chicos para que jueguen con todos sus juguetes, te puede hacer un poco de barro también. Como es entre amigos uno aprende mucho de eso, nosotros nos pusimos en la cabeza como no sólo convocar al cantante principal de una banda, sino a la banda y a los referentes musicales. Realmente es una combinación de lo que veníamos haciendo a esto de que es un ensamble entre dos bandas. Con los Caligaris que tocan seis más las voces, Ráfaga también que todavía no salió, lo que hicimos con los Tekis que estaban Mauro y Seba metiendo no sé cuántas cosas y encima después pedí más. Los Nocheros también, participaron un montón en la producción y era el ejercicio de “a ver cuál es esta mirada”, si nosotros realmente nos ponemos con la bandera de esta banda, cuál es la mirada de lo que tenemos para hacer. La verdad nos tiene muy contentos, estamos aprendiendo un montón de cosas, los yeites de distintos géneros. Y al mismo tiempo que pensamos este disco como un programa de tele, entonces la gente vio el primer bloque, después nos fuimos a tanda y ahora estamos en el principio del segundo bloque. Y hay que hacer un tercer bloque. Se trata de mucha psicodelia y transgénero para Los tabaleros.

«…Hay algo en la presencia que es quijotesco, quizás, que es ir detrás de algo que no está garantido ni en el éxito ni en la supervivencia, y en eso quizás está la seducción de hacer esto, de siempre estar en una épica…»

Y fue grabado medio la vieja usanza, es decir grabaron mucho juntos tipo vivo, verdad?

Tiene esa impronta o ese espíritu, como fue el Konex que hicimos en su momento también con invitados. Con toda una apuesta selvática con el disco, este disco tiene más que ver con los 70s, con los programas de Pipo Mancera, de Leonardo Simons, de Tinelli cuando era otro, con ese tipo de programas con los que nos criamos. Buscamos hacer algo divertido para nosotros, una metadata, todos los PNT son discos nuestros, canciones nuestras, tienen que ver con nosotros y nos dimos el lujo de invitar a humoristas que respetamos mucho para que sean los conductores del programa, bloque a bloque. Seguimos disfrutando de la locura y por suerte nos dicen que sí, así que le damos.

No quiero dejar de preguntarte por las letras, esa ironía, esa mirada actual sobre vínculos, sobre costumbres, sobre también esto del ser argentino con nuestras contradicciones, ¿de dónde nació esta forma de componer y cómo lograron este estilo que también los define tan naturalmente?

Creo que puede haber algo de mucha admiración por la metáfora de Jaime Dávalos y al mismo tiempo mucho amor por el cine. El cine es eso de la imagen, en la imagen uno puede encontrar emociones y no solamente en las sensaciones. Quizás si te describo todo un clima, un lugar o algo muy visual también te va a generar una sensación. Hay algo que es jugar con eso y de tratar de no ser obvio, si nos volvemos obvios es muy peligroso porque podés comerte el bulling de todos. Además, se trata de sorprendernos entre nosotros que somos todos lobos viejos con varias suturas es una tarea ardua y es difícil y es lo lindo y así quedan las canciones que más nos gustan.

En sus canciones hay mucha sutileza y así todo son hiteros, ¿Cómo logran eso también de que son canciones muy tarareables y recordables?

Quizás nos gusta mucho la síntesis, no compramos la del acorde difícil para complejizar la canción, siempre nos fuimos del otro lado del acorde caro, difusa menor con novena en el culo, por eso venimos del punk. Por ejemplo, hago acordes puros la mayoría y eso genera en el oído una conducta amable, por más que le caguemos a palos al instrumento, el no escuchar nada tan disonante. Lo otro que se me ocurre es que nosotros somos muy psicópatas de la acentuación correcta de la palabra y a veces se nos escapa alguna, pero la mayoría, si vos agarrás toda nuestra obra, no hay nada que no esté acentuado donde va. En un 96% te diría, y eso hace que sea más fácil de recordar, porque la música está en las palabras, entonces es qué palabra para que música.

¿Cómo es la rutina cuando se bajan del escenario?

Escucho mucha música, trabajamos mucho, me gusta producir, me gusta grabar, maquetear, colaborar con otros artistas, escuchar muchos vinilos y también estar al pedo, es algo bien ganado después de hacer 2.000 kilómetros en un fin de semana. Al cuerpo hay que darle un mimo. La verdad la tengo bastante más fácil porque no tengo hijos, mi hermano tiene una agenda bastante apretada y a veces se le ve la cara con la que llega el ensayo, pero no me puedo quejar de la vida. He trabajado mucho de forma civil, por decirlo de alguna manera, y esto no es tan hostil. Hay que aprender a convivir con los monstruos de la soledad, del estar a contraritmo del mundo, pero es una linda vida.

¿Cuál es el sueño pendiente con Los Tabaleros? ¿Algún artista con quien te gustaría colaborar?

Siempre jodemos con una idea de Félix que dice hace años, mucho antes de que se ponga de moda lo de Bad Bunny, que queremos tocar en el entretiempo del Súper Bowl, así que es un sueño a largo plazo en el que estábamos atrás (risas). El sueño es lo que se bien que en Los Tabaleros es cambio y transformación. Después de este disco ultra pop que nos tiene mixándonos con muchas gentes y artistas, lo que se viene es otra cosa y ya lo estamos preparando. Nos tiene muy contentos también.

Y de soñar constantemente quizás les ha permitido ir evolucionando, si bien les costó que el  folklore los aceptara y que ciertos escenarios los llamaran, esto de ser mirados de reojo por de ser algo distintos…

Es que nos gusta ese lugar. No me pongas tan oficial porque ya no me divierto, ya me trataste extraterrestre toda la vida y ya me quedó el saco.

«… la música está en las palabras, entonces es qué palabra para que música…»

¿Crees que también en estos contextos de más angustia colectiva, se hace más necesario el tipo de música que hacen ustedes?

Uno no vive pensando en eso porque lo hacemos para nosotros. Como somos miembros de la sociedad, más comunes que los comunes, me siento contento con saber que si a mí me motiva a alguien le puede llegar a caer bien. Primero lo hago para mí. Con lo que decías recién me estaba acordando que en los albores de la banda eran tiempos de mucha escasez, más para la juventud, que no había dónde salir, que no había plata en la calle. No había nada, y un papel, una birome, un mate, amigos, e inventar un juego como el de la banda.

Siempre se puede, hay que darle, por más contexto que haya, que puede ser mejor o peor, para mí esas son excusas. Para salvarse uno, y de ahí ojalá le pueda gustar a alguien, salvar a alguien, pero lo primero es si tenés algo para decir hacelo. No hay nada mejor que sacártelo del cuerpo.

Los Tabaleros siguen creyendo en el impulso, en la metáfora, en la síntesis, en la risa y en el riesgo. Ese manifiesto de no pedir permiso y no volverse demasiado oficiales. Quizás se trata de no dejar de ser un poco extraterrestres. La épica no está solo en los festivales ganados ni en los escenarios compartidos. Está en otra cosa. En esa decisión de salvarse primero uno, de sacarse algo del cuerpo. Tal vez por eso su música funciona en días nublados. Lo que vendrá, dicen, ya está en preparación. Y si algo enseñó la historia de esta banda es que el próximo movimiento nunca es previsible.