No es más que nadie ni menos que ninguna, así es como Carlos Spadone uno de sus precursores y uno de los primeros en fraccionarla 100% Petit Verdot la presentó y la dio a conocer en Argentina. En el mapa vitivinícola mundial, hay cepas que encuentran su lugar en el mundo casi por destino. Si Francia le dio la cuna, La Rioja le ha dado la libertad. Es momento de dejar de ver al Petit Verdot como una uva de «corte» o complemento, para proclamarla como nuestra nueva cepa identitaria: un pura sangre noble que en suelo riojano alcanza una plenitud que en otros rincones del mundo es solo un sueño.
El Petit Verdot es, por naturaleza, una uva exigente. Necesita sol, calor constante y un clima seco para madurar sus taninos potentes y su color profundo. Mientras que en otras regiones del mundo sufre para llegar a término, en los valles riojanos —desde Famatina hasta el Bermejo— se siente en casa.
Aquí, la cepa no solo «se da bien», sino que se expresa con una nobleza arrolladora. Produce vinos con una estructura envidiable, una acidez natural sorprendente y una paleta aromática que va de las violetas a los frutos negros maduros, con ese toque especiado que solo el sol riojano puede imprimir.

La Filosofía: Sumar Identidad, no Restar Méritos
Proclamar al Petit Verdot como estandarte no es un acto de rebeldía contra nuestras otras cepas, sino un acto de madurez.
- No es «mejor» que el Malbec o el Torrontés: Es una pieza distinta en nuestro rompecabezas de terroir.
- No viene a competir: Viene a demostrar que La Rioja tiene la capacidad técnica y climática de domar a una de las uvas más difíciles y sofisticadas del mundo.
Cuando elegimos un Petit Verdot riojano, no estamos buscando una alternativa; estamos buscando una identidad de un pura sangre. Es un vino que no pide permiso, sino que se impone por su elegancia y su potencia equilibrada.

Bodega La Macarena: El Renacer de un Legado en el Corazón de Anguinán
En el pintoresco valle de Anguinán, Chilecito, donde la tierra roja y el sol generoso de La Rioja se funden en un abrazo eterno, late un proyecto que es mucho más que una bodega: es una declaración de identidad. Bodega La Macarena, liderada por Macarena Herrera, representa la evolución de un legado familiar que hoy se traduce en vinos con alma, historia y una búsqueda profunda de la verdad.
Tinkunaco: Mucho más que un nombre
La línea insignia de la bodega, Tinkunaco, toma su nombre de la celebración más sagrada de los riojanos. Pero en manos de Macarena, el concepto adquiere una dimensión íntima y transformadora. Tinkunaco significa «encuentro», y aquí se propone como un encuentro con uno mismo. Beber una copa de estos vinos no es solo un acto de degustación; es una invitación a pausar el ruido del mundo y conectar con nuestra propia esencia a través del fruto de la tierra.
La Trilogía de la Identidad: Tres Vinos, Tres Emociones
Fiel a la premisa de no comparar, sino de descubrir la virtud de cada expresión, Bodega La Macarena nos ofrece tres perfiles marcados por la excelencia:
- Torrontés (Juventud Perpetua): Es el espíritu del valle embotellado. Un vino que parece detener el tiempo, conservando la frescura, la vivacidad y esos aromas florales tan nuestros que nunca envejecen. Es la frescura de la mañana en Anguinán.
- Malbec (Aterciopelado): Un exponente que abraza el paladar. Con taninos suaves y una redondez impecable, este Malbec refleja la calidez del sol riojano traducida en una textura de seda. Es la amabilidad y la elegancia en su máxima expresión.
- Petit Verdot (Con Profundidad): Aquí es donde la bodega apuesta fuerte por este «pura sangre» riojano. Un vino serio, complejo y con una profundidad que invita a la reflexión. Es el vino del encuentro interno por excelencia, con capas de sabor que se revelan lentamente.

El Liderazgo de Macarena Herrera
Llevar adelante una bodega en estos tiempos requiere coraje, pero llevar adelante un legado familiar requiere, además, sensibilidad. Macarena Herrera ha logrado equilibrar el respeto por las raíces con una visión moderna y profesional. Su liderazgo femenino aporta una mirada detallista y una pasión que se percibe en cada botella que sale de Anguinán. «No buscamos ser mejores que nadie, buscamos ser lo más fieles posible a lo que nuestra tierra y nuestra historia tienen para decir.»








