Poder, memoria y deseo: el mapa secreto de MUBI para mayo

0
2

El mes próximo MUBI no organiza un catálogo: traza un mapa emocional. Uno donde el poder aparece como desgaste, la memoria como reconstrucción y los vínculos como territorios inestables. Lejos de la lógica del algoritmo, la plataforma vuelve a apostar por una curaduría que piensa el cine como diálogo: entre películas, entre épocas, entre miradas. El gran gesto del mes es el regreso de Paolo Sorrentino, un director que ha hecho del artificio una forma de verdad. En La Grazia, ese estilo barroco, casi coreográfico, se posa sobre el final de un mandato presidencial. Mariano De Santis, su protagonista, no enfrenta una caída estrepitosa sino algo más inquietante: la lenta evaporación del sentido. El poder ya no es acción sino eco, una estructura que permanece incluso cuando quien la habita empieza a vaciarse.

Con Toni Servillo —cómplice habitual del director—, la película parece dialogar con la propia filmografía de Sorrentino, donde los hombres poderosos suelen estar rodeados de belleza pero condenados a una forma de soledad que ni el lujo ni la influencia logran disipar. En ese cruce entre lo político y lo íntimo, La Grazia no busca respuestas: observa el momento en que las preguntas empiezan a perder peso.

Ese mismo 8 de mayo, My Father’s Shadow introduce otra escala, otro pulso. La ópera prima de Akinola Davies Jr. se concentra en un solo día, pero en ese tiempo comprimido se juega algo esencial: la posibilidad —o no— de reparar un vínculo. Un padre, dos hijos, una distancia que no es sólo emocional sino también histórica.

Alrededor de esa historia íntima se filtra la crisis electoral nigeriana de 1993, como un ruido de fondo que nunca se apaga del todo. La película —reconocida en los Gotham Awards y en los BAFTA Awards— encuentra su potencia en esa tensión: lo que ocurre puertas adentro nunca está del todo separado de lo que sucede afuera. Y en ese cruce, la paternidad deja de ser sólo un vínculo para convertirse también en una forma de herencia.

Si esas dos películas miran hacia el presente y sus fracturas, Peter Hujar’s Day propone un gesto inverso: reconstruir el pasado como si todavía estuviera ocurriendo. Bajo la dirección de Ira Sachs, y con Ben Whishaw y Rebecca Hall, el film parte de una conversación grabada en 1974 para armar algo más que un retrato.

Lo que emerge es una ciudad —Nueva York— capturada en su estado más efervescente, pero también una forma de mirar. El fotógrafo Peter Hujar aparece no sólo como artista, sino como testigo de una época donde la creación y la vida parecían indistinguibles. La película se mueve en esa zona donde recordar no es repetir sino reinterpretar, donde cada palabra reconstruye tanto como inventa.

En ese desplazamiento hacia lo sensorial, Sirât, de Oliver Laxe, se presenta como una experiencia límite. No hay aquí una narrativa convencional, sino un recorrido físico que se vuelve espiritual casi sin transición. Los paisajes áridos, el silencio persistente y los cuerpos en resistencia construyen una película que se siente más que se explica.

Cada película ilumina a la otra, cada historia resuena en la siguiente. Y en ese entramado, lo que aparece no es sólo una selección de títulos, sino una forma de mirar: más atenta, más paciente, más abierta a la complejidad.

Laxe, fiel a su estilo, trabaja con la austeridad como lenguaje: cada plano parece despojado de lo innecesario, como si el cine pudiera acercarse, aunque sea por momentos, a una forma de verdad esencial. Entre lo místico y lo terrenal, Sirât no ofrece certezas, pero sí una pregunta constante sobre los límites del cuerpo, la fe y la redención. Pero si los estrenos marcan el pulso del presente, las colecciones expanden ese universo hacia otras coordenadas.

Nueva York reaparece como escenario y protagonista en “Empire City: New York on Film”, una curaduría que entiende la ciudad no como fondo sino como personaje. En Do the Right Thing, Spike Lee captura el calor, la tensión y las fracturas raciales de un barrio donde todo parece a punto de estallar. En When Harry Met Sally, en cambio, la ciudad se vuelve espacio de encuentro, de azar, de conversaciones que construyen vínculos con el paso del tiempo. Y en Hackers, aparece como un territorio atravesado por la tecnología, anticipando una sensibilidad que hoy resulta casi profética.

El horror coreano encuentra su lugar en la obra de Kim Jee-woon, donde lo psicológico y lo visceral conviven sin concesiones. I Saw the Devil y A Tale of Two Sisters no sólo redefinen el género, sino que lo expanden hacia territorios donde la violencia y la emoción se vuelven indistinguibles.

En paralelo, la colección dedicada a Pedro Almodóvar funciona como una especie de autobiografía estética. Desde el desborde inicial hasta una sofisticación emocional cada vez más depurada, sus películas —como Todo sobre mi madre o ¡Átame!— construyen un universo donde la identidad, el deseo y la maternidad se entrelazan con una intensidad única. Verlas hoy es también ver cómo una voz se vuelve inconfundible con el paso del tiempo.

El recorrido se amplía con “Panorama: Cine africano en Cannes”, una selección que no sólo recupera películas, sino también contextos. Obras provenientes de distintos países y décadas que dialogan entre sí para dar cuenta de una cinematografía atravesada por tensiones políticas, sociales y culturales que siguen resonando. Y finalmente, el cine de Brian De Palma irrumpe como un recordatorio de que el estilo también puede ser una forma de pensamiento. En títulos como Carrie o Carlito’s Way, el suspenso no es sólo narrativo: es visual, estructural, casi musical.

Así, mayo en MUBI se despliega como una constelación más que como una grilla. Cada película ilumina a la otra, cada historia resuena en la siguiente. Y en ese entramado, lo que aparece no es sólo una selección de títulos, sino una forma de mirar: más atenta, más paciente, más abierta a la complejidad. Porque, al final, el cine —cuando está bien curado— no responde preguntas. Las vuelve más interesantes.