La canción que nunca vas a olvidar: por qué el cerebro archiva ciertas melodías para siempre

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Por qué algunas músicas se imprimen en la memoria como si fueran cicatrices sonoras, qué le pasa al cerebro cuando escucha una canción que ama, y el fenómeno que los científicos llaman «el pico de reminiscencia».

Hay una canción que, apenas suenan los primeros dos segundos, te lleva de vuelta a un lugar exacto: el asiento trasero de un auto, una cocina a las tres de la tarde, un cumpleaños que ya no vas a repetir. Llevás años sin escucharla y, sin embargo, te sabés la letra completa. ¿Cómo es posible que el cerebro archive con tanta precisión algo que nunca estudiaste ni intentaste memorizar?

La respuesta no está en la música. Está en lo que el cerebro hace con ella.

No escuchamos canciones. Las construimos.

Cuando una melodía llega a tu oído, desencadena algo mucho más complejo que cualquier otro sonido. Investigadores de la Universidad de California Berkeley y la Universidad de Aarhus, en un estudio publicado en PLOS Biology, registraron la actividad cerebral de 71 personas mientras escuchaban e imaginaban melodías. Lo que encontraron fue revelador: una red amplia —que incluye la corteza frontoparietal, el hipocampo y los ganglios basales— sostiene la melodía como unidad abstracta. Y cuando el cerebro recuerda esa música, la reconstruye en orden inverso al que la percibió: primero activan las zonas frontales, luego las auditivas. El recuerdo musical no es una reproducción, es una recreación activa.

La dupla que convierte una canción en recuerdo de por vida

El hipocampo —archivista de la memoria episódica— y la amígdala —termómetro emocional del cerebro— son los protagonistas de este fenómeno. Cuando ambas trabajan juntas, lo que percibís queda marcado con una carga afectiva que lo vuelve casi indeleble. La Dra. Myra Fernandes, de la Universidad de Waterloo, lo confirmó en un estudio con 84 participantes: escuchar una canción completa es más efectivo para evocar recuerdos que leer su letra en voz alta. No son las palabras las que gatillan la memoria: es la combinación de todos los elementos musicales actuando en simultáneo.

Los 17 años: el momento en que el cerebro graba con fuego

No todas las canciones se archivan igual. Existe lo que los neurocientíficos llaman «pico de reminiscencia»: el período en que los recuerdos musicales se imprimen con mayor intensidad. Un estudio global de la Universidad de Jyväskylä —con casi 2.000 participantes de 84 países— confirmó que ese pico ocurre alrededor de los 17 años. En la adolescencia, el sistema de recompensa del cerebro reacciona con una intensidad que no se repite en ninguna otra etapa de la vida. La música que escuchás a los 16 o 17 no solo suena: te define, te agrupa, te da identidad. Y lo que construye identidad, el cerebro lo guarda para siempre.

Earworms: cuando el cerebro no quiere soltar la canción

¿Alguna vez te quedó una canción «pegada» en la cabeza durante horas? Ese fenómeno tiene nombre científico: INMI (Involuntary Musical Imagery), o en la jerga popular, earworm. Una revisión de 47 estudios publicada en Psychonomic Bulletin & Review llegó a una conclusión contundente: es un fenómeno universal que afecta a prácticamente toda la población humana, independientemente de la cultura. Las canciones con tempos rápidos y patrones melódicos inusuales —o muy familiares— tienen más probabilidades de instalarse. Cuanto más escuchaste una canción, más fácil le resulta al cerebro reproducirla sin que vos se lo pidas.

Una tecnología de memoria, no un entretenimiento

La memoria musical es una de las últimas en deteriorarse en enfermedades como el Alzheimer. Pacientes que ya no reconocen a sus familiares pueden cantar con precisión canciones de su juventud. El neurólogo Santiago Tizio, jefe de neurología del Hospital Español de La Plata, lo explicó con claridad: «Ciertos ritmos pueden tener efectos sobre el estado de ánimo, la concentración e incluso hay terapias de este tipo para enfermedades como el Parkinson o la demencia».

La próxima vez que una canción te transporte en dos segundos al verano de 2009, a una persona que ya no está o a una versión de vos que creías olvidada, recordá esto: no es casualidad ni magia. Es tu cerebro haciendo exactamente lo que sabe hacer mejor: guardar lo que más importó.