Cecilia Dopazo: “Me gusta explorar por el placer de hacerlo”

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La actriz regresó a la calle Corrientes con 8 Mujeres, la comedia dirigida por José María Muscari. Entre recuerdos, complicidades de camarín, nuevos desafíos y una mirada cada vez más libre sobre su profesión, conversa sobre una carrera que nunca dejó de reinventarse. Ocho mujeres, una casa aislada, un asesinato y una verdad que nadie parece estar dispuesto a revelar. Con un elenco de lujo integrado por Marita Ballesteros, Cecilia Dopazo, Emilia Mazer, María Leal, Linda Peretz, Silvia Pérez, Juana Repetto y Mónica Villa.

La historia de Cecilia con la actuación comenzó muy temprano y pronto se convirtió en una cara familiar para toda una generación. Fue una de las protagonistas de Clave de Sol, la ficción juvenil que marcó una época en la televisión argentina, y luego llegó a la pantalla grande con Tango feroz, el fenómeno cinematográfico de Marcelo Piñeyro que protagonizó junto a Fernán Mirás y que se convirtió en uno de los mayores éxitos de taquilla del cine nacional. Desde entonces, construyó una carrera que transitó con naturalidad entre la televisión, el cine y el teatro, sumando también experiencias como guionista y directora.

Para Cecilia, esta nueva propuesta tiene además un sabor especial: ya había formado parte de esta historia hace quince años, cuando la obra tuvo una temporada en Buenos Aires y otra en Mar del Plata. Ahora vuelve a encontrarse con un material que conoce, pero desde otra etapa de su vida y con una nueva experiencia compartida junto a sus compañeras.

En una charla distendida con RANDOM, habla de la felicidad de trabajar en equipo, de los rituales que anteceden a cada función, de la libertad de dejarse las canas, de sus experiencias recientes en las plataformas y de esa curiosidad que la lleva a explorar permanentemente nuevos lenguajes.

Después de Made in Lanús, no descansaste demasiado. Ya estás nuevamente arriba de las tablas. ¿Qué te atrapó de volver al teatro con 8 Mujeres?

Sí, siempre me gustó mucho el teatro. Me preguntaba al principio cuál había sido la razón por la que acepté y, bueno, es una situación multifactorial. Primero, ya conocía la obra. Había visto en su momento la película de François Ozon, la película francesa con Catherine Deneuve, y me había parecido extraordinaria.

Cuando me ofrecieron la obra, hace quince años, me pareció una propuesta espectacular. Así que acepté y ahí se armó el elenco, con compañeras a quienes no conocía en ese momento, se generó una sinergia muy linda.

Tengo los mejores recuerdos de aquella vez. Hice un año en Buenos Aires y la temporada de Mar del Plata. En ese momento mis hijos eran chicos, yo tenía la edad que tiene hoy Juana Repetto. Me acompañaron varias veces a verla, les gustaba la obra, así que ahora, cuando la acepté, estaban de lo más contentos. Yo también tenía un recuerdo familiar, cálido, de ese proyecto. Cuando volvió a mí, me pareció muy interesante volver a transitarlo, ahora con esta edad y en esta etapa de mi vida.

De hecho, cuando José me convoca, lo primero que pensé fue que me estaba convocando para hacer el personaje que había hecho María Leal, y que María iba a hacer otro. Para mi sorpresa, me dicen que quería que todas hiciéramos el mismo personaje. Me pareció que estaba bueno, que le daba una especie de disparate y de libertad a la obra que no esperaba. Me parece muy bien esa decisión de dirección.

Mis compañeras son maravillosas, gente muy talentosa, con el ego muy bien puesto y bastante segura de sí misma, entonces no se generan líos dentro del grupo. Lo primero que dijo María Leal cuando hablamos de hacerla fue: “Este es un proyecto para ser feliz”. Y atrás de ella vino Muscari a decir que estaba totalmente de acuerdo, que no quería que nadie se angustiara ni tuviera ansiedad y que, si eso pasaba, nos íbamos a apoyar entre todos. Pero que la idea era pasarla bien.

Fue muy importante esa consigna, porque todas nos alineamos ahí. Y es lo que pasó durante los ensayos, que fueron bravos porque había poco tiempo para ensayar y, sin embargo, fuimos felices. Ahora continúa así.

«… Lo último que estuve explorando fue hace un tiempo, cuando hice un taller de autobiografía y narrativa. Quería entrar un poco ahí, no para publicar nada, sino simplemente como alumna, para aprender a hacerlo…»

La obra combina misterio, humor, tensión y revelaciones. ¿Cómo se trabaja ese equilibrio para que la comedia no le quite profundidad al suspenso?

Es una comedia policial que por momentos se ríe de lo policial. Es muy disparatada, pero creo que cumple con su objetivo, que es generar mucho suspenso, porque hasta el último momento no sabés qué va a pasar.

La acción arranca el día en que llega Susú a la casa de su familia. Ella está afuera, se fue a Inglaterra a hacer un doctorado, vuelve y ese mismo día se encuentra con que su padre está muerto. Todas se encuentran con esa sorpresa: el padre está muerto detrás de la puerta de su habitación y nadie sabe por qué ni qué pasó.

Después se entiende que fue un asesinato, porque aparece con un cuchillo enterrado en la espalda. Es una casa muy alejada de la ciudad, están en medio de una tormenta de nieve y es imposible entrar o salir. Entonces llegan a la conclusión de que la asesina es una de las ocho, porque no hay nadie más ahí.

El espectador se queda para descubrir cuál de ellas es, porque todas tendrían un motivo para querer asesinar a ese hombre, que es el padre de la familia. Es interesante porque en el medio hay mucho disparate y comedia, pero a la vez se genera un misterio legítimo, real, que hasta el último minuto no sabés qué pasó ni qué se va a revelar.

La comedia en general tiene que ser un relojito para que funcione. Ahí aparece la mirada del director: qué quiere generar en cada momento. ¿Quiere generar humor? ¿Misterio? También hay un momento de emoción hacia el final. Esa es la impronta que le da el director y las indicaciones que baja para nosotras. Se entiende en qué momento hay ironía y en cuál no.

José María Muscari tiene una mirada muy particular sobre los textos y las puestas en escena. ¿Qué encontraste en esta versión que la vuelve diferente?

Se disfruta muchísimo. La verdad es que no recuerdo muchas diferencias, más allá de que algunos personajes hoy los hacen otras compañeras. Es una obra que está escrita como un trabajo de relojería y tiene que funcionar así.

No la recuerdo muy diferente de cómo la hacíamos en aquel momento. Tiene situaciones de soporte muy claras, como las músicas. Hay algunos pequeños momentos de coreografía. También recuerdo que la vez pasada había mucha música de suspenso, de película o de obra de terror, pero que en este caso causa más gracia que terror. 

LOS RITUALES DE CADA FUNCIÓN

¿Cómo es tu rutina cuando hay función? ¿Cómo transitás ese día y cómo se acomoda tu vida alrededor del teatro?

Es bastante exigido el ritmo de las funciones, sobre todo en los teatros de (Carlos) Rottemberg, como el Multiteatro, donde se trabaja de miércoles a domingo, con dos funciones los sábados y también algunos días anteriores a los feriados.

Es un trabajo muy exigido que, si bien por un lado me da mucho placer, por el otro tengo que tener claro que debo regular mi energía, porque demanda mucha. A todas nos pasa lo mismo. Tengo que ocuparme de comer bien, de ejercitarme en su justa medida, no pasarme porque sé que después lo voy a pagar en las funciones, voy a estar muy cansada.

Ahora tengo que redistribuir mis horarios de gimnasio y otras actividades, porque con los ensayos tuve que modificarlos y ahora con las funciones también. Salgo de mi casa a las cinco, cinco y media, para llegar al teatro tranquila, con tiempo. 

Hay varios rituales que cumplo cuando llego. Saludar a mis compañeras, comentar alguna cosa del día, ver cómo están. En estos últimos días hubo varios virus dando vueltas, caímos dos o tres con unos virus bastante tremendos, así que nos cuidamos unas a otras. Nos llevamos caramelitos de propóleo, caramelos de miel.

Después, una de las chicas, Silvia Pérez, consiguió una cafetera, entonces nos juntamos por ahí en el camarín de María Leal a tomar un cafecito antes de empezar. Todas esas cosas hacen al placer de estar juntas. Después me voy a mi camarín, me pongo los lentes de contacto y me maquillo. Charlamos un poco de camarín a camarín con Emilia Mazer y con Juanita Repetto, que somos las tres que estamos juntas en la planta baja.

Hay un plus este año que es divino: Juanita tiene un bebé y lo trae durante toda la función con su niñera. Ella dice que es la mascota del grupo. Es una persona amorosa, de una alegría… Tiene un carácter hermoso. Viene desde el primer ensayo y ahora que estamos haciendo funciones también. Estamos todas chochas con el bebé de Juana.

En medio de esa convivencia también aparecen rituales que van más allá del trabajo. ¿Hay alguno que se haya convertido en una costumbre especial del grupo?

Sí, tenemos uno muy lindo. Silvia Pérez es, entre otras cosas, profesora de yoga, entonces tenemos un ritual antes de salir a escena: nos ponemos todas en ronda y ella nos conduce en una meditación.

Es muy linda y nos sirve para unirnos, para bajar un poco los decibeles y estar juntas justo antes de salir a la función. Es una meditación conducida por ella, muy bien y con mucho amor. Es un ritual increíble.

LA CURIOSIDAD COMO MOTOR

Siempre te interesaron otros lenguajes artísticos. Has explorado la escritura, la dirección, distintos talleres… ¿Seguís en esa línea?

En este momento no estoy escribiendo. Lo último que estuve explorando fue hace un tiempo, cuando hice un taller de autobiografía y narrativa. Quería entrar un poco ahí, no para publicar nada, sino simplemente como alumna, para aprender a hacerlo.

Me gustó. Es una tarea que tengo ahí todavía pendiente, porque no se termina nunca. Uno lo puede terminar cuando quiera, pero es algo que tengo pendiente de retomar. No tanto desde la formación académica, porque no he tenido mucha formación académica. Sí he sido curiosa. Hice mi curso-taller con Mauricio Kartún y varios talleres de teatro, pero soy más curiosa de hacer, de escribir algunos cortos, aunque después no salga a grabarlos.

En algún momento tengo pendiente también hacer algún taller de poesía, simplemente por el placer de hacerlo y por la curiosidad misma, sin ningún objetivo más claro que vaya más allá de eso. Todo lo que uno incorpora, tarde o temprano, termina sirviendo para alguna cosa, pero ese no es el objetivo principal cuando hago alguna actividad.

«…siempre me gustó mucho el teatro. Me preguntaba al principio cuál había sido la razón por la que 2acepté y, bueno, es una situación multifactorial… «

LAS CANAS COMO UNA DECLARACIÓN DE LIBERTAD

En tu carrera siempre hubo una búsqueda de autenticidad. Incluso cuando decidiste dejar de teñirte el pelo, algo que terminó teniendo una repercusión que quizás no imaginabas. ¿no?

Sí, de verdad que resultó insólito lo de tener tanto trabajo después de haberme dejado las canas. Yo pensé: «Bueno, ya me tengo que comprar una peluca, y una muy buena peluca para seguir trabajando, porque con canas, ¿quién te va a llamar?». Sin embargo, no. Me han llamado un montón y las canas no han sido un problema, por suerte. Y sigue siendo así.

Me dejé de teñir porque no aguantaba más. Ya venía de treinta años de teñirme, desde la primera película y durante un montón de trabajos. Después tuve que seguir tiñéndome porque ya tenía el pelo blanco abajo y me generaba un trabajo y una angustia que ya no podía soportar.

Entonces, en plena pandemia, dije: «Bueno, ya está, me dejo las canas». Se me sanó mucho el pelo. Me costó, porque la verdad es que cuesta darse así, porque las canas están ligadas a la vejez. Pero en muchos casos es una cuestión genética. Yo tengo canas desde muy joven, mis hijos también, a pesar de ser muy jóvenes, ya están teniendo sus primeras canitas. Me gustó dejármelas y, si bien no perseguí ese objetivo, termina siendo un hecho político que una mujer también se puede dejar las canas y puede seguir trabajando, puede seguir siendo joven. Puede todo lo que se puede, con el pelo así y todo.

Termina siendo un hecho político porque habla por sí mismo, porque dice todo lo que acabo de decir. Me encuentro con muchas mujeres que me dicen que se animaron a dejarse las canas porque vieron que yo lo hacía. Y eso también me daba fuerzas a mí para poder hacerlo, porque no es fácil.

NUEVOS FORMATOS, NUEVOS PERSONAJES

En los últimos tiempos participaste de proyectos para plataformas, como Camaleón: el pasado no cambia, de Disney+, y Yiya, de Flow. ¿Cómo fueron esas experiencias y cómo ves el trabajo en estos nuevos formatos?

Con Camaleón se trabaja muy bien, la verdad. Son muchas horas, por supuesto, porque eso es de toda la vida, tanto en cine como en televisión y ahora en las plataformas. Pero se trabaja muy bien, con gran profesionalismo.

En ese caso yo hacía de la mamá de Eugenia Suárez. Era un personaje muy vulnerable, muy enamorada del personaje de Pablo Echarri. Tenía toda una línea muy linda porque no era correspondida, pero al principio creía que sí. Fue una historia que me gustó mucho contar. 

Y después está Yiya, la historia conocida por todo el mundo. Me encantó interpretar ese papel. Era un personaje también muy vulnerable, muy necesitado de ganar algo de plata y que se encuentra atrapado por las redes de Yiya.

Fue muy lindo participar de un proyecto de época. El vestuario era de los años setenta y ochenta, si mal no recuerdo, con un elenco divino, con Juan Palomino y Laura Novoa, entre otros. Estuvo muy bueno. Andábamos todas con nuestras uñas, maquillajes y peinados de época, que siempre se incluyen a la hora de hacer un personaje y, sobre todo cuando están tan bien hechos, te ayudan a construirlo. Fueron experiencias muy lindas.

¿Hay algún personaje o proyecto que tengas entre manos y que todavía no puedas contar, pero que te entusiasme especialmente?

Mirá, en este momento, que yo recuerde, estoy viviendo el día a día. Acabo de estrenar esta obra, que exige un montón, y estoy en eso: en vivir el día a día y, sobre todo, agradecer. Tener esta oportunidad, tener trabajo en un momento tan difícil del país, tan difícil para los actores, para todo el mundo. Estoy muy agradecida de tener este trabajo y valorándolo y honrándolo cada vez que voy al teatro.


Hay algo que atraviesa toda la conversación: la importancia de disfrutar el camino. En el escenario, en los camarines, en los proyectos que elige y también en las decisiones personales que se anima a tomar. Hoy, con una trayectoria extensa y una nueva temporada por delante, Cecilia Dopazo parece haber encontrado en esa libertad una de las formas más genuinas de seguir haciendo lo que ama.