Cada vez más padres se preguntan cuál es el momento adecuado para que sus hijos tengan un celular. Laura Krochik, especialista en crianza y vínculos, y fundadora de la Asociación Civil Argentina de Puericultura (ACADP), sostiene que la respuesta a esta inquietud no reside en una cifra de años, sino en la madurez emocional y el acompañamiento adulto.
Para la especialista, entregar un celular es mucho más que dar un objeto; es abrir una puerta al mundo con todo lo que esto implica, tanto lo bueno como lo malo y lo inmenso. Antes de considerar la edad del menor, es crucial preguntarse cuánto puede sostener.
Krochik enfatiza que el primer indicador es la autonomía, no los años. Si un niño aún requiere que lo lleven y lo traigan, o necesita supervisión constante para organizar sus tiempos o resolver situaciones cotidianas, difícilmente podrá autorregular el uso de un aparato que lo expone a un universo sin límites. El dispositivo debería llegar cuando el niño ya puede manejarse con cierto criterio en la vida real.

La especialista en crianza compara la entrega de un celular con dar las llaves de un auto: nadie permite que un adolescente maneje solo sin haber practicado, sin acompañamiento ni normas claras. El celular, de igual manera, puede ser una herramienta maravillosa o un arma peligrosa si se utiliza sin conciencia.
La clave reside en el acompañamiento progresivo, la presencia adulta y la conciencia del riesgo, en lugar de la prohibición o el control.
Además, el uso del celular debe enmarcarse en un acuerdo familiar y no ser un simple regalo. Este acuerdo debe ser un contrato claro donde ambas partes comprendan los límites, los tiempos de pantalla y las consecuencias en caso de incumplimiento. De esta manera, el celular se transforma de un territorio de lucha en un espacio de confianza.
Krochik advierte contra una de las frases más comunes que genera culpa en los adultos: «ya lo tienen todos». Ella concluye que educar no es seguir la corriente, sino poder sostener lo que se considera correcto. Cuando los niños sienten que los límites se sostienen por amor y no por miedo, se sienten verdaderamente cuidados.

Laura Krochik es Licenciada en Ciencias de la Educación y puericultora especialista en crianza y vínculos, con más de 25 años de trayectoria acompañando a familias.








