En ocasiones viajar empieza mucho antes de subir a un avión. Empieza en una mesa compartida, en un plato pequeño que llega al centro, en ese gesto tan simple —y tan poderoso— de probar algo nuevo mientras alguien dice: “probá esto”. En España ese ritual tiene nombre propio: tapear. Un recorrido sin mapas rígidos, de bar en bar, donde la conversación, el vino y las pequeñas preparaciones se entrelazan hasta convertirse en una forma de vivir la gastronomía. Durante diez días de abril, ese espíritu volverá a sentirse en Argentina con Tapeando 2026, el festival que propone acercarse a la cultura española a través de uno de sus gestos culinarios más representativos.
Del 3 al 12 de abril, más de 50 restaurantes de seis ciudades argentinas —Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Rosario, Mar del Plata y la Zona Norte del Gran Buenos Aires— ofrecerán tapas especialmente creadas para el evento, invitando a recorrer bares y restaurantes como si cada parada fuera una pequeña estación de un viaje gastronómico. Organizado por la Consejería de Turismo de la Embajada de España en Buenos Aires, el festival celebrará su quinta edición, consolidándose como un puente culinario entre España y el público argentino.

El arte de comer en pequeñas porciones
Si algo define al tapeo es su diversidad. En lugar de un único plato protagonista, aparecen muchos. Pequeños, intensos, pensados para compartir. En esta edición habrá más de 150 tapas diferentes, acompañadas por cerveza, vermút, vino o gaseosa. Muchas de ellas estarán inspiradas en la Comunidad de Madrid, explorando productos y recetas que forman parte del ADN gastronómico madrileño.
Entre las propuestas aparecen clásicos reinterpretados: croquetas de jamón crudo, tortillas con chistorra, gildas de anchoa y boquerón o pinchos de pescado en tempura con salsa tártara. También habrá versiones contemporáneas que combinan técnicas actuales con sabores tradicionales. Algunos restaurantes proponen platos como fainá con berenjena ahumada, stracciatella y morrón asado, o albóndigas de chorizo y panceta con pomodoro. Otros se inclinan por sabores más intensos, como croquetas de langostinos o montaditos de anchoas con manteca tostada y ajo asado.


También hay combinaciones inesperadas: empanadas de morcilla con queso azul y alioli de pera y miel, snacks de gambas al ajillo con mayowasabi o pinchos de milhojas de papa con langostinos al ajillo.
A lo largo del circuito aparecen tapas que dialogan con ingredientes locales y con una mirada contemporánea de la cocina española: socarrat con patí curado del Alto Paraná y espuma de alubias escabechadas, ensaladilla rusa con mejillones escabechados o carpaccio de pesca del día con vinagreta de oliva y alcaparras.
Tapear no es solamente comer. Es una forma de estar con otros. Es entrar a un bar, pedir algo pequeño, brindar, caminar unas cuadras y repetir la escena en otro lugar. Una coreografía urbana donde la gastronomía se mezcla con la charla y el disfrute compartido. Según explicó Felipe Formariz, Consejero de Turismo de la Embajada de España, esta tradición forma parte de la memoria afectiva de quienes visitan el país. “La gastronomía es uno de los grandes atractivos para quienes viajan a España. Desde la alta cocina hasta el simple placer de tapear con amigos o en familia. Es una experiencia que muchos recuerdan especialmente de sus viajes”, señaló.

Un festival que crece y cruza fronteras
Tapeando también incluirá una nueva edición del Concurso de la Tapa, donde el público podrá votar online su propuesta favorita entre todos los restaurantes participantes. El restaurante ganador recibirá dos pasajes a España, premio que también se sorteará entre quienes participen en la votación. La edición 2026 suma además una novedad regional: por primera vez el festival tendrá una edición hermana en Uruguay, que se realizará del 17 al 26 de abril en Montevideo.
Si algo define al tapeo es su diversidad. En lugar de un único plato protagonista, aparecen muchos. Pequeños, intensos, pensados para compartir.
El evento también contará con rutas gastronómicas diseñadas en conjunto con Bigbox, que permitirán recorrer distintos restaurantes siguiendo itinerarios inspirados en pueblos y destinos de la Comunidad de Madrid, donde la gastronomía y el enoturismo forman parte de la identidad local. Durante diez días, bares y restaurantes argentinos se convertirán en pequeñas embajadas gastronómicas donde cada tapa funciona como una postal de España.
Y quizás ahí esté el verdadero espíritu del festival: demostrar que, a veces, viajar también puede empezar con un bocado.
Con una croqueta crujiente, un vermut servido frío, o una gilda que llega a la mesa y abre la conversación. Porque en el mundo del tapeo, cada tapa es una historia breve. Y cada mesa compartida, una manera de viajar.








