El deporte que inventaron los gauchos en 1610 y Europa está descubriendo ahora

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Mientras Santa Fe, Rosario y Rafaela reciben a los XIII Juegos Suramericanos, un deporte nacido en el campo argentino varios siglos antes de que el fútbol se convirtiera en una pasión de masas empieza a llamar nuevamente la atención. El pato, nuestro Deporte Nacional, tiene una historia tan nuestra que cuesta imaginar que, del otro lado del Atlántico, exista una disciplina ecuestre emparentada con él que hoy se practica en distintos países del mundo. Lo que durante décadas pareció un secreto reservado a unos pocos aficionados vuelve lentamente a ocupar un lugar bajo los reflectores.

El pato tiene uno de los antecedentes documentales más antiguos entre los deportes practicados en la Argentina. En 1610, una crónica de Buenos Aires registró una competencia ecuestre durante las celebraciones religiosas de la época. Los jinetes se disputaban entonces un pato dentro de una bolsa de cuero con asas, intentando arrebatárselo unos a otros mientras corrían a caballo por el campo. Aquella práctica, muy diferente del deporte reglamentado que conocemos hoy, era particularmente violenta y llegó a ser prohibida en distintas oportunidades, incluso bajo severas sanciones religiosas.

Sin embargo, la tradición sobrevivió. Con el paso del tiempo dejó atrás buena parte de aquella brutalidad y comenzó a transformarse en un deporte organizado. En 1937, Alberto Castillo Posse redactó un reglamento que estableció las bases de la versión moderna: dos equipos de cuatro jugadores, una pelota de cuero con seis asas y dos aros elevados en los extremos de la cancha. El 16 de septiembre de 1953, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, el pato fue declarado oficialmente Deporte Nacional. Décadas después, en 2017, el Congreso argentino volvió a reconocer esa condición mediante la Ley 27.368.

El deporte que casi nadie conoce

La paradoja es enorme: la Argentina tiene un deporte nacional nacido de su propia tradición rural y, sin embargo, buena parte de los argentinos apenas sabe cómo se juega. Durante años el pato quedó asociado a determinados círculos ecuestres y a las grandes estancias, lejos de la exposición que alcanzaron el fútbol, el polo o incluso el turf.

En los últimos años, la Federación Argentina de Pato buscó cambiar esa situación mediante una mayor presencia en medios y transmisiones de los principales torneos. El objetivo es sencillo: que el público pueda descubrir un deporte que, visto desde afuera, puede parecer extraño, pero que en una cancha se transforma en una combinación vertiginosa de caballos, velocidad, fuerza, estrategia y precisión.

Y ahí aparece uno de los datos más curiosos de esta historia. En Europa se desarrolló el horseball, una disciplina ecuestre que comparte características y antecedentes con el pato argentino y que adoptó una estructura propia. Actualmente se practica en distintos países de Europa y también fuera del continente, mientras la Argentina participa en competencias internacionales y mantiene una tradición especialmente fuerte en esta modalidad.

Justo Bermúdez y la nueva generación

Entre los nombres destacados de la actualidad aparece Justo Bermúdez, uno de los jugadores más reconocidos del pato argentino y ganador de varios premios Olimpia. Su juego reúne algunas de las características que hacen particular a esta disciplina: dominio absoluto del caballo, velocidad, capacidad para leer la jugada y una precisión extraordinaria para lanzar o recuperar la pelota a varios metros de altura.

Por eso no resulta extraño que quienes siguen el pato recurran al fútbol para explicarlo. La comparación con Messi aparece como una manera sencilla de acercar al público a un deporte que todavía necesita ser descubierto por muchos argentinos.

Tal vez ahí esté el verdadero secreto del pato. No necesita convertirse en otra cosa para llamar la atención. Cuando uno lo ve en vivo, entiende rápidamente por qué sobrevivió durante más de cuatro siglos: porque en pocos deportes la historia de un país, su relación con el caballo y una competencia tan física y vertiginosa están mezcladas de una manera tan evidente.

Y quizá lo más curioso sea que mientras Argentina todavía está descubriendo su propio deporte nacional, en otras partes del mundo recién empiezan a descubrirlo a él.